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Gastronomía y cine placeres que entran por los ojos (parte II)

Dicen que errar es de humanos y rectificar es de sabios, y yo,  soy bien humano, así que debo reconocer que me equivoqué y que estoy dispuesto a enmendar mi error, por lo que entonces soy sabio.

Quienes leyeron la primera parte de esta reseña gastronómica – cinematográfica, cosa que agradezco con algo de modestia, solo algo, se habrán dado cuenta que si bien intenté dar a conocer la lista de 14 películas que ofreció Alfonso Molina en su exposición en el Yamín Gourmet, fui un pecador por omisión, ya que, involuntariamente, me salte dos de estas cintas.

Enmendando mi error recordaré que ese día y dentro de la lista ofrecida por el conferencista invitado estuvo

Comer, beber, amar (1994), de Ang Lee, que es una agridulce comedia que relata la historia de Chu, un viejo chef de Taipei, viudo y con tres hijas: Jen, Chien y Ning. Cada una de ellas ve la vida bajo un prisma distinto si bien todas ellas tiene una faceta común en su carácter: la rebeldía. Un buen día todo empieza a complicarse. Una gruñona viuda acaba de mudarse al apartamento de al lado, pero al mismo tiempo alguien se queda embarazada, alguien cae en una profunda depresión, alguien muere y alguien encuentra a su amor verdadero.

La segunda película que por error involuntario no mencione en la reseña anterior, y con eso sí completamos la lista de 14 películas donde la gastronomía es un personaje más de la trama, y no algo anecdótico, es la cinta

Un toque de canela” (2003), una historia sobre un griego (Fanis) criado en Estambul, cuyo abuelo,  filósofo culinario y mentor, le enseña que tanto la comida como la vida necesitan una pizca de sal para darles el toque de sabor que ambas requieren.  Con el paso del tiempo Fanis se convierte en un excelente cocinero y emplea sus habilidades culinarias para darle sabor a las vidas de aquellos que le rodean. 35 años más tarde abandona Atenas y vuelve a su tierra natal, Estambul, para reunirse con su abuelo y su primer amor; un viaje de retorno sólo para darse cuenta de que ha olvida-do darle ese toque de sabor a su propia vida.

Concluida esta lista, y como un toque personal y de aporte yo incluiría a la película  Un paseo por las nubes (1994) que nos presenta a un joven soldado norteamericano que conoce de forma casual a la hija del dueño de un viñedo y acepta ser presentado como su esposo para ayudarla a enfrentarse a su dominante padre. Cuando la pasión entre ellos se enciende con la mágica sensualidad del rito de la cosecha, se dan cuenta de que están embarcándose en una aventura romántica al tener que luchar contra todos para estar juntos. Lo interesante de esta cinta, es que transcurre en medio del mundo del vino, su siembra, su recolección y todo lo que gira en torno a  este mundo, cinta que al igual que entre Copas, y Bottle Shock se aartan de la cocina, y tienen como escenario el mundo  del vino, que es uno de los mejores acompañantes de la buena comida, y en muchos casos, también de la mala.

 

 La otra cara de la gastronomía

o como las películas nos quitan el apetito

 

Si Alfonso Molina nos recreó el mágico mundo de la alta cocina y nos llevó por un viaje cinematográfico sobre cómo el argumento de la comida y su elaboración puede hacer que evoquemos sensaciones de alegría, tristeza, lucha de pensamientos, y despertarnos el amor, la propuesta planteada por Rodolfo Izaguirre fue recordarnos que la comida no siempre, en el caso del cine, nos lleva a encuentros mágico, místicos, sino que nos llevan a lugares oscuros y llenos de muerte.

 

Izaguirre comenzó su lectura recordándonos aquellas películas de bandidos y ladrones, de los gansters que son acribillados mientras se alimentan de pasta y llenan toda la escena de sangre, y por supuesto, salsa de tomate. Cómo no recordar El Padrino, cuando matan a un jefe mafiosos en plena degustación de un gran plato de pasta. Famosas son escenas donde los matones acribillan a capos de la mafia en elegantes almuerzos, o en suntuosas fiestas donde la comida salta por los aires.

Pero no solo los mafiosos, o gansters, usan la cocina y el momento de comer para matar,  y como lo mencionó Rodolfo Izaguirre las cocinas sirven también para que los héroes se luzcan en la utilización de los cuchillos, como Steven Seagal, que es un simple cocinero que salva a un submarino de un secuestro perpetrado por un grupo militar armado hasta los dientes, en Alerta Máxima (1992), o los casos repetidos en las películas donde el presidente de los estados Unidos, sea el actor que lo interprete, o algún candidato al puesto, deben ser sacados con rapidez o violencia, a través de las cocinas, para evitar ser asesinados por despiadados terroristas, que nunca piensan que la cocina es el lugar por donde podrán escapar los protagonistas.

También las cocinas son, según Izaguirre, lugares para el enfrentamiento bélico, y todos hemos visto escenas donde los malos y los buenos, y a veces sin saber quien es quien en realidad, se caen a tiros y vemos como parte de las frutas, verduras, platos y otros artículos que hay en estos lugares, salen volando ara darle mayor dramatismo a la escena.

Pero la parte que en verdad le quita a uno el apetito en la presentación de un hombre tal culto como Rodolfo Izaguirre y que maneja tan bien las imágenes, fue cuando se  refirió a la agitación, o estado desagradable de activación cerebral (emoción o excitación) extrema, aumento de la tensión e irritabilidad, y puso como ejemplo a los muertos vivientes, o zombis, que quieren comer carne sin importarles como se consigue el alimento, y en su irracionalidad desean alimentarse de carne fresca y caliente.

Y no solo son los zombis los que quieren comer a los vivos, también están los casos de canibalismos en el cine,  o peor aun, en la vida real, y muestra de ello, y este es mi aporte personal, porque debo reconocer que Izaguirre no lo mencionó, el canibalismo de Hannibal Lecter cuando nos explica cómo cocinar el cerebro, que hace unos minutos extrajo de la cabeza de Ray Liotta, y que nos lo narra como un chef da sus mejores recetas, y encima,  mientras bebe un buen vino tinto.

Por eso, tanto la lista de Alfonso Molina como los ácidos y agudos comentarios y reflexiones de Rodolfo Izaguirre nos hicieron pasar una agradable velada, donde lo más importante fue reconocer que la comida es cuestión de gustos, como todo en la vida, o como digo yo, de Visiones Particulares.

El publico atento a Molina e Izaguirre con sus cuentos de cine y gastronomía

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