• Perfil

  • Categorías

  • Archivos

  • Visitas

    contador de visitas para blog
  • Consummatum est

  • Mirada Teatral

El Metro descubre lo bueno, lo malo y lo feo de Caracas

Para nadie es un secreto que el Metro ha unido a Caracas

 y sus zonas aledañas

Antes, si uno vivía en el oeste, o en el este, y decía ¡voy a Caracas!, esa era una travesía, que en muchos casos, obligaba al interesado a tomar hasta dos o tres autobuses.

Desde Guarenas o  los Valles del Tuy, ahora es más fácil llegar a Caracas, así que el Metro puede decirse que es el verdadero demócrata, porque une a varias ciudades y municipios, sin distingo de razas, ideologías, ni condición social, o religión.

Hasta aquí todo suena bonito, democrático, unificador, pero.. Ah que siempre hay un pero, ¿Qué pasa con las adyacencias de las estaciones del Metro?, ¿Cómo se vive?, ¿De qué se vive en esas zonas?, ¿Se vive?

Estas y otras interrogantes, todas producto de la curiosidad, provocan una serie de trabajos sobre los alrededores de la Línea 1 del metro de Caracas. En realidad, estas consideraciones me permiten dos cosas que me gustan: Pasear y Escribir.

Un domingo, uno cualquiera, ni de elecciones, ni feriado, ni nada por el estilo, sólo un domingo, decidí comenzar la primera fase de esta aventura por conocer lo que sucede al salir de las estaciones del Metro.

Lo primero que hay que plantearse es algo muy importante: ¿Cómo empiezo?, ¿Qué orden he de seguir?, la respuesta a esto no podía ser más sencilla: Comenzar por el principio, es decir, desde la estación más lejana hasta su opuesto. Admito que algún mal intencionado dirá ¿pero empezar por cuál estación lejana si hay dos puntas?. La respuesta es mucho más sencilla de lo que se cree: Un simple cara o cruz de la moneda.

Luego de esta rápida toma de decisiones, cara o cruz, me monté en el Metro y me bajé en la primera estación de mi recorrido

Estación Propatria

 Aunque insisto en que esta exploración comenzó un domingo normal, sin elecciones ni día feriado de por medio, lo que me recibió a la salida de la estación Propatria no era nada normal. Era simplemente el diluvio universal, agua por todas partes y en todas direcciones

¡Paraguas! ¡Lleve su Paraguas!, nunca faltan los vendedores ambulantes en estas ocasiones, junto a un respetable número de personas que esperábamos en la salida de la boca de la estación, todos con la esperanza y el deseo de que escampase pronto.

Pasados unos minutos, más que minutos a mi parecer, por lo eternos, en que la lluvia amenazaba con estropear este proyecto, junto a una obligada compañía de personas, al fin aminoró lo suficiente para dejarme salir de ese encierro obligado, y pude marcharme sin comprar un paraguas a los vendedores, a pesar de su insistente llamado o canto de sirenas.

Salvo agua, y más agua corriendo en libertad por las calles, y los carros jugando a mojar a los peatones, la salida lateral de la estación Propatria no ofrecía mayores atractivos. Unos abastos chinos, alguna que otra venta de comida – con plásticos tapando los productos comestibles, y los envases – pero, lamentablemente, nada más que destacar o maravillarse al ver.

Deseando que la puntería de los automovilistas siguiera sin mejorar, y así no dieran  en mí, comencé a caminar parte del camino andado y llegué a la otra salida lateral del Metro.

AHHHH, esto era un cambio, ya la situación prometía, aunque, para ser honestos, el paisaje tampoco es que era una maravilla, ya que la basura acumulada era la protagonista de las calles. Afortunadamente, las frutas frescas y las ventas de comida ambulante también eran las protagonistas. Lechosa, patilla, piña y otras más se mezclaban con los olores de la fritanga de cochino, las empanadas de carne y otras delicias culinarias.

Los vendedores ambulantes no solo buscaban la atención de los transeúntes para que les compraran alimentos, también están los que ofrecen desde una linterna, un CD, o pilas, junto a ropa de dama, caballero o niño, incluso de bebé, mezclado con envases de plástico, llaveros, herramientas de plomería, películas, encendedores y cualquier cosa que uno se pueda imaginar se consigue en los puestos, o tarantines, a los largo de las inmediaciones de esta estación.

A pesar de la lluvia, y de ser domingo, había gente de todo tipo, madres con sus hijos, también de todos tamaños, desde embarazadas, bebés en coches, en andaderas, y un largo etc, lo que le daba un aire festivo a esta estación de Propatria, por lo que sentí que se había cumplido el objetivo inicial, aunque la naturaleza estaba medio opositora, así que procedí a mi segunda parada.

Estación Pérez Bonalde  

Una vez que se sale de la estación Pérez Bonalde se tiene la visión de un largo boulevard que recuerda a las calles llenas de tiendas y buhoneros de Margarita, para los que han estado en el centro de Porlamar y no en esta zona de Caracas, aunque este boulevard es mucho las largo que cualquier calle comercial de la Isla.

La extensa calle peatonal que representa este boulevard, con tiendas a lado y lado, vendedores ambulantes de cualquier clase de mercancía expuestas en sus mesones, al menos las lícitas, imagino que las otras estarían escondidas, entremezclado con los olores de las comidas fritas y el aceite caliente, hace que el caminante se pierda en esa suerte de laberinto, donde  hasta pescado se podía comprar. En todas direcciones se podía observar a varias señoras comprando, hombres mayores y no tan mayores, leyendo la prensa sentados en donde se podía. Algunos niños llorando porque las madres los tenían agarrados y ellos querían correr libremente.

Las tiendas abiertas eran una invitación a la compra, a gastar, pero también hay quienes se ocupan del aspecto espiritual, y se puede ver a los largo del boulevard representantes de diversas religiones y cultos, desde Testigos de Jehová, Mormones, Cristianos, y hasta los hare krishna estaban presentes en esta zona, sin dejar de mencionar a los que te quieren adivinar el futuro en las cartas.

Caminando, así como perdido, o viendo todo como niño admirando vidriera de juguetería, llegué sin proponérmelo a la próxima parada, que está sobre el mismo boulevard, con lo que me ahorré un pasaje.

Estación Plaza Sucre 

Al igual que en el caso de la estación Pérez Bonalde, la estación Plaza Sucre tiene su salida al boulevard que llega hasta la plaza con la estatua ecuestre del Mariscal Antonio José de Sucre, aunque reconozco que creí que era la de Bolívar, por su imponente tamaño, así que como dice el refrán, ese día aprendí algo nuevo: Que Sucre tiene una estatua a caballo tan grande como la de Simón Bolívar.

De Plaza Sucre es poco lo que se puede añadir sobre su paisaje y adyacencias, porque es muy similar a lo que se ve a la salida de Pérez Bonalde, aunque llamó la atención la propaganda política por todas partes, incluso un afiche de Luis Tascón (Q.E.P.D) cuando quiso ser alcalde de Caracas, y un afiche de candidatos de la Mesa de la Unidad colocados en los postes, y que tenían como fondo la realidad de los cerros y sus problemas.

Pensé que si seguía caminando por la avenida Sucre llegaría a la próxima estación , pero la naturaleza, aquella a la que Bolívar dijo que había que oponerse, pudo más que mis buenos deseos y me hizo retroceder hacia la seguridad y cobijo del Metro.

  Estación Gato Negro

Del subsuelo a la superficie todo estuvo bien, aunque las escaleras mecánicas no servían, lo que es ya normal en la mayoría de las estaciones, pero el problema se presentó al querer salir del Metro, porque nuevamente el diluvio universal obligó a todos a cobijarnos bajo techo, mientras se oían los gritos de ¡Paraguas! ¡Lleven sus Paraguas!, y que puedo decir… terminé comprando uno negro, tipo bastón, que estaba en oferta a bsf. 20, que era una ganga según el vendedor, porque normalmente costaban entre 35 y 40 bolívares fuertes.

Armado con mí paraguas negro, y con la lluvia como compañera, en medio de un gentío corriendo para no mojarse, más de lo que ya estaba, me encontré con de frente con el Parque del Oeste Jóvito Villalba, perdón, digo Alí Primera.  Debo aclarar, porque ya sentí miradas de reproche ante este ¿lapsus?, que no tengo nada contra el Cantor del Pueblo, ni mucho menos pretendo hacer una defensa de Jóvito Villalba, pero, Ah que siempre hay un pero, ¿había necesidad de quitarle el nombre de un gran venezolano, y que todos conocían a ese parque por ese nombre, y colocar el de otro gran venezolano?

¿No era mejor crear un Parque, plaza, monumento, o lo que consideraran mejor para que fuera propio de Alí Primera en lugar de “expropiar” el nombre existente. Tal vez sean cosas locas que a uno, en medio de la lluvia, se le ocurren preguntar.

Superado el momento del choque cultural, por lo del cambio de nombre del Parque, entré y debo reconocer que nunca había pasado del aviso de la entrada, y aunque quise conocer el Museo Jacobo Borges me quedé con las ganas, porque la institución atraviesa por “problemas laborales”, que son explicados, en términos fuertes, en consignas y panfletos pegados en la entrada de la sala, y que mencionanban los conflitos que tienen en la actualidad con los directores del Museo.

Igual, la visita al Parque, con todo y lluvia, es espectacular, una gran extensión de área verde para el disfrute, solo, en pareja, grupo, e incluso se pueden celebrar cumpleaños, en kioscos dispuestos para estos fines, aunque, lamentablemente, este domingo no fue de feliz cumpleaños, porque más de uno quedó con la torta aguada y los payasos escondidos, por la cantidad y frecuencia de la lluvia que caía sobre Caracas.

La Laguna del Parque quería desbordarse y la cascada buscaba crecer y llevarse todo a su paso. Por otra parte, La oferta culinaria en el Parque, así como en las adyacencias de la estación Gato Negro podemos resumirlas de la siguiente manera: casi inexistentes, porque con esta lluvia ¿quién iba a querer comer, o vender? 

Así que al bajar un poco la lluvia decidí, armado con mi paraguas negro, seguir el recorrido de la avenida Sucre, y seguir jugando con los carros, a ver si lograban mojarme

Estación Agua Salud

Si bien es cierto que llegue caminando a la estación Agua Salud no es menos cierto que de salud poco, y de agua si había mucha.

Como la estación sale a la avenida Sucre, y la lluvia seguía acompañándome, es poco lo que realmente pude ver de los alrededores, que no fuera agua corriendo por la calle, carros jugando al tiro al blanco con los peatones, y cosas por el estilo, como algun que otra venta de fruta freca. Sin embargo, como esta estación es aérea, se puede ver el vagón corriendo por los rieles, y eso, ya de por sí, es un aespectáculo, tonto tal vez, pero espectáculo al fin. Lo que si llama la atención es que a pesar de la lluvia se podían ver puestos de ventas de fruta fresca, y como un llamado de quien sabe quien, entre esos que jugaban a mojar a los transeúntes, pasó a mi lado un autobús con la inscripción San Isidro Labrador, el resto del mensaje es de todos conocidos, y realmente que hacía falta que quitara el agua y nos mandara algo de sol.

Caminando al próximo destino, uno se encuentra con un gran aviso que advierte, a los inocentes e incautos, que está entrando en zona militar, como si ya en Caracas no hubiera zona donde no estén presentes los militares.

Nadie le hace caso al tal aviso de zona militar, y tan es así, que toda la zona parece campo de ventas, así como describen en la biblia que eran las adyacencias del templo, por lo que hasta parece una broma ese aviso amarillo con letras negras.

En fin, seguí mi camino sin hacer caso y llegué a…

Estación Caño Amarillo

Ya llegando al final del recorrido por estas primeras seis estaciones, el camino desde el aviso de Zona Militar a la estación de Caño Amarillo está lleno de olores, colores, sabores, un mercado al aire libre de verduras, pescado, sopas de varios tipos, venta de queso, plátanos, todo aderezado con aguas negras de lluvia corriendo por las calles, y teniendo a un lado el decanato de Artes Plásticas de UNEARTE, y sobre ese escenario de color y vida está la imagen de Reverón como tratando de llenarse de esas imágenes para seguir haciendo lo que siempre hizo…crear arte.

Luego de esta reflexión con la imagen de Reverón mirándome, seguí mi camino hacia la estación, ya con menos lluvia, y al pasar por la boca de entrada del Metro me llamó la atención un patio que se veía al fin y decidí llegar a él, total nadie me estaba esperando en ninguna parte a esa hora.

A unos  metros vi  una estatua de tres figuras, así que dije, ¡Vamos a ver quiénes son, y al acercarme noté que era una la imagen de Carlos Gardel, con tres músicos a su espalda. Se pregunta uno, que es lo que he estado haciendo en todo este recorrido: ¿Qué hace una estatua de Gardel tan apartada de los ojos de todos?, realmente la zona donde está la imagen es bonita, con grama, unos escalones, pero se ve solitaria, como si nadie la conociera o visitara. ¿Tendrá promoción esta Plaza?, no lo sé, o a lo mejor sí, y yo estoy tratando de descubrir el agua tibia, y mira como he visto agua en esta travesía.

Como dice el refrán: Hasta aquí nos trajo el río, pronto la segunda parte de estas crónicas del Metro y sus adyacencias

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: