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Desaparecidos: Tres episodios negros de abuso de poder

Cuando un hijo muere es un dolor muy grande, pero se sabe que es el final de esa vida. Cuando un hijo está desaparecido es un laberinto de sensaciones, porque nunca se sabe qué pasará y el dolor es mayor y constante.

Esto es lo que expone La Madre, interpretada por Flor Colmenares, en la obra de teatro Desaparecidos, escrita por Luis Villegas, quien se inspiró en textos de Federico García Lorca y Carlos Liscano, y es parte de del 50 Aniversario de Amnistía Internacional.

La Madre es una de las tres historias que conforman este lamento sobre la pérdida de uno de los Derechos Humanos fundamentales: La vida y  la Libertad.

El montaje, producido por Scenik Arte y presentado en el Celarg, es dirigido por Daniel López, narrando tres historias. La primera referida al asesinato de Federico García Lorca, un 18 de agosto de 1936, teniendo como marco la Guerra Civil Española.

Lorca fue asesinado en el camino que va de Viznar a Alfacar.  Los sacaron de su casa y lo llevaron a un centro de retención del que nunca más volvería, ni se sabría de su paradero o de sus restos.

En el montaje de Desaparecidos, Lorca es una presencia que, con sus versos, nos recuerda lo insensato de las guerras, el drama que vivió España por tantos años, donde aún hoy existen cicatrices en el alma de muchos que vivieron y padecieron esos horrores.

Lorca muere en escena, muere en una zanja, muere en un paredón, muere muchas veces, pero su verbo sigue, sus versos están ahí y al pasar los tiempos, muy a pesar de quienes lo asesinaron, Lorca sigue presente en espíritu mientras nadie recuerda a quienes lo asesinaron.

Pero lo que pasó en el año 35 no es aislado, no fue un único e irrepetible, lamentablemente.

La segunda historia de Desaparecidos, aunque todas están entrelazadas, tiene que ver con las dictaduras latinoamericanas de los años 70, y me atrevería a decir que aún persisten a pesar de la llamada democracia continental. María –una joven maestra de escuela- y Bernardo –un joven estudiante de sociología- han sido secuestrados y privados de su libertad, recibiendo en el confinamiento cualquier tipo de torturas. Vejaciones como aislamiento, torturas físicas y verbales, cabezas sumergidas en tanques de agua maloliente, noches sin sueño, privaciones de luz, comida, cadenas, así como golpes y quemadas son algunas de las expresiones más evidentes de la violación de los Derechos Humanos contra quienes piensan diferente a los que tienen el Poder.

 “Desaparecidos” cuenta con un elenco conformado por  Flor Colmenares, Mariana Calderón, Carlos Alberto Núñez y Luis Villegas, además de la participación especial en video y sonido del primer actor Germán Mendieta.

Las Madres y las abuelas de la Plaza de Mayo son la tercera historia. La Madre que con dolor dice el texto sobre la desaparición de la hija representa a todas aquellas que en el Obelisco de Buenos Aires aún buscan saber y conocer el destino de sus parientes desaparecidos en las dictaduras que gobernaron Argentina en los años 70 del siglo XX.

El corazón de los espectadores se sobrecoge cuando la Madre lamenta no saber que su hija está muerta, porque no hay nada peor que la incertidumbre por el que no está. Esto se aplica no solo al caso de los desaparecidos en dictaduras, que también los hay en democracias, sino a los secuestros, que tanto se ven en la actualidad en países como México, Guatemala, Colombia, o Venezuela.

Video, música y actuaciones muestran paralelamente las historias dramáticas de estos personajes.

María y Bernardo, interpretados por Mariana Calderón y Luis Villegas, convencen a los espectadores sobre los horrores que sufren los Desaparecidos y muestran el mundo dónde el miedo, pero también la fortaleza son recursos para enfrentar esas situaciones provocadas por la intolerancia y el desprecio por la vida ajena.

Carlos Núñez, en su interpretación de Federico García Lorca, deja un sabor extraño, no cuaja su papel en el resto del drama, son apariciones fantasmales, que no aportan al montaje, tal vez es una responsabilidad compartida entre el dramaturgo y el director, aunque nunca sobra el verbo y la presencia del poeta granadino, por quien fue y lo que representa tanto en las letras españolas, como en el tema de los Derechos Humanos, porque el final de Lorca, como el de los 4.500 habitantes de Granada que murieron a consecuencia de la Guerra Civil española, nunca tuvo sentido ni una razón de ser.

Uno de los videos de la obra  menciona que cuando iban a fusilar a Lorca los integrantes del pelotón no le vieron la cara al disparar, ¿temor, incomprensión por ese asesinato?, lo cierto es que el  poeta y dramaturgo cayó con la sangre en la frente y el plomo en las entrañas.

Para conmemorar los 50 años de Amnistía Internacional nada mejor que mostrar episodios negros de la historia mundial, que, lamentablemente,  no se limitan a un país en particular sino que han sucedido en los cinco continentes. O al menos, esa es mi Visión Particular.

 

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