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Cuando las circunstancias nos obligan a buscar en la Memoria

Escribir es un arte, escribir bien es toda una odisea, pero escribir bien, utilizando la memoria para reflejar una época, sobre todo si es la vivida por uno, es toda una proeza, y aún más si se trata de Rodolfo Izaguirre contando su vida.

 Obligaciones de la memoria fue el lema de la décima octava edición del Festival Atempo. Para ello, convocaron, nuevamente, a Rodolfo Izaguirre para que brindara recuerdos  de su larga experiencia y su vida en Venezuela. Un país NUNCA debe olvidar lo que le ocurre, sean los tiempos que sean, menos aún si son  estos momentos difíciles, por ello es que la memoria, octogenaria, de Izaguirre no debe desmayar y tiene que seguir siendo el recuerdo constante de lo vivido, y que otros quieren silenciar

Pero si Rodolfo Izaguirre tiene una memoria presente para contar lo que ha sido Venezuela, el actor Luiggi Sciamanna se las ingenió para en seis minutos contar la biografía de Izaguirre, en un relato que tituló: “Biografía Mitológica de un hombre cotidiano”.

El audio de la biografía lo pueden escuchar aquí

Una vez que el hombre de las tablas leyó la biografía del escritor, periodista, cineasta, critico, y un largo etcétera, Rodolfo Izaguirre comenzó citando al poeta Fernando Pessoa, indicando que  “Mucho antes de cumplir los cuarenta y siete años que duró su discreta vida portuguesa, el poeta Fernando Pessoa —o si se quiere Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Alvaro Campos o Bernardo Soares que fueron sus heterónimos más conocidos— nos enseñó a no rendirnos; dijo que nuestro viaje por los a veces iluminados y siempre errantes caminos del pensamiento y de la imaginación jamás deben encontrar su final en Itaca, la isla prometedora que acoge con beneplácito a los viajeros porque nuestro viaje, este peregrinar que es y seguirá siendo el arco de nuestras vidas, no debe acabar en el reposo y en la mansedumbre de las aguas”.

El nombrar a Itaca, dijo que lo realmente importante no es llegar,  como hizo Ulises,  sino “permanecer en el camino para detenernos en algún lugar y sin movernos de allí aspirar el aroma de la vida y del conocimiento o, por  el contrario, para desplazarnos de un sitio a otro ávidos y ansiosos pero sin llegar nunca a ningún lado ni a ninguna parte conocida. Vale para el artista, para el ingeniero, para el agrónomo, para el hombre común que somos”.Como hombre de las artes, y en el marco del Festival A Tempo, Izaguirre considera que la importancia no está en “terminar la obra, el relato o en colocar en el pentagrama lo que el compositor cree que será el último sonido o visualizar el cineasta el último plano del film y terminar el poeta su poema. Lo que importa es la energía, la pasión que comporta hacerlo”. Recordó las palabras que Octavio Paz quien señalaba que “el poema es una obra siempre inacabada, siempre dispuesta a ser contemplada y vivida por un lector nuevo”.

“Aprendimos de Marcel Proust que hay que “recrear mediante el recuerdo impresiones que deben ser extraídas de las profundidades, puestas a la luz y transformadas en equivalentes intelectuales..” Al alimentarnos de ese conocimiento del pasado podremos, si así lo preferimos, escapar entonces de la terrible y peligrosa nostalgia que busca atraparnos para encerrarnos en ella e impedir que avancemos. Para lograrlo, la memoria tendrá que incorporarse al presente pero dentro de una contemporaneidad enriquecida por la experiencia y el valor de las nuevas percepciones que hoy poseemos y manejamos.”

En ese transitar por la memoria, y relatar las cosas vividas por él, y que forman parte de la historia contemporánea,  Izaguirre relató que “Mi bello hermano en la familia elegida, el escritor Adriano González León decidió no continuar la relación que mantenía con una muchacha a la que cortejaba porque el hermano de ella regresó al país después de permanecer ausente algunos años”.  La frase de familia elegida dicha por el conferencista guarda mucha relación con ese término que también usa Isaac Chocrón, al mencionar que uno nace en una familia que es a la que pertenece, pero también tiene la elegida que es donde están, en muchos casos,  nuestros  mayores afectos.

Continuando con el ejercicio de la memoria de Izaguirre, el escritor dijo que “Ocurrió que llegado a Caracas, el muchacho visitó a Adriano para enterarse de lo que había pasado en el país durante su ausencia. Con paciencia de apóstol, punto por punto y a veces con detalles precisos y lastimosos, Adriano fue refiriendo, a quien hasta ese momento se perfilaba como su más próximo pariente, lo que había acontecido en el país venezolano”.

“Inició la exposición enumerando las veces que el régimen militar ha violado la Constitución y las otras, muchas, en las que el Tribunal de Justicia desestimó las demandas de los ciudadanos por los abusos del mandatario; explicó cómo fueron debilitándose las instituciones hasta desaparecer; habló de Sidor, de la electricidad, de los problemas con el agua; hizo hincapié en la ineptitud del régimen. Se refirió a las incumplidas promesas hechas a los venezolanos en materia de vivienda mientras se construían casas en Niamaca y Tabacoro en Mali, África, como iniciativa de una supuesta “Brigada Internacional Cívico Militar de Ayuda Humanitaria Simón Bolívar bajo la administración del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías”. Deploró la condición de los niños de la calle, la ruina física de muchas escuelas y la asfixia que sufren las universidades”.

“Adriano habló sobre la situación de la economía y de por qué debe uno santiguarse cada vez que el ministro Giordani declara a los medios. Enumeró las disparatadas medidas económicas que han contribuido a arruinar al país, las vacilaciones del dólar, las agonías de Cadivi, la bancarrota de Pdvsa y su capacidad de endeudamiento; el permanente desabastecimiento de  los supermercados; las toneladas de alimentos podridos de Pedeval. Le recordó a su futuro cuñado los gloriosos gallineros verticales, la ruta de la empanada, el cultivo de hortalizas en las azoteas de las casas y edificios. Le explicó lo que significaba la economía del trueque que estuvo alguna vez en los delirios del mandatario. Asomó la inquietante presencia de China llamada alguna vez el “peligro amarillo” aunque sea hoy roja: un país que está aprendiendo a vivir como los ricos ¡y le gusta! pero siente repugnancia por la libertad de pensamiento y de expresión. Adriano observó que había quedado atrás el tiempo de las lavanderías de chinos y del chino malico lalón”.

“Se refirió Adriano, en detalle, a los regalos dispendiosos que el Autócrata ha hecho a Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Uruguay mientras los hospitales colapsan y las clínicas privadas no se dan abasto para atender a millares de nuevos pacientes asegurados por un régimen incapaz de mejorar o construir nuevos hospitales. Hizo mención a las expropiaciones de fincas y haciendas productivas; a los asaltos de bolivarianos forajidos a edificios y apartamentos violando derechos y títulos de propiedad pero sintiéndose protegidos en sus desafueros por el propio desafuero del gobierno.”

 “¡Aceptó una breve pausa en su plática para servirse un buen trago! Pero mencionó luego el tráfico de maletines llenos de dólares de Pdvsa, la droga que pasa por puertos y aeropuertos y no dejó de mencionar las abusivas cadenas de televisión, el lenguaje tosco y la retórica vulgar del dictador y los atropellos a los medios, televisoras y periodistas. La presencia de focas legislativas y judiciales. La inseguridad física y jurídica. El empeño del Autócrata de colocar en posiciones de alta responsabilidad a leales suyos, militares inexpertos en lugar de profesionales calificados.”

“El cuñado escuchaba aquella disertación sin pestañar y González León proseguía su exposición con la lúcida facilidad de palabra que lo convirtió en el fascinante encantador de serpientes que siempre fue: la tierra arrasada que el régimen ha hecho de la cultura; el desmantelamiento de los museos, la dispersión de las colecciones y el riesgo de “extraviarlas” para siempre; los maltratos a actores y dramaturgos; la vergüenza que provocan poetas que alguna vez fueron amigos cuando escriben ahora loas a la satrapía; un cine sesgado por la “ideología” bolivariana. ¡La pérdida de espacios urbanos para el solaz de los ciudadanos. ¿Qué fue lo que no dijo?”

Haciendo una pausa en su relato sobre la disertación de González León, Izguirre destacó que “una clase universitaria en Caracas, Boston o Melbourne no excede de los 45 minutos. La exposición del autor de Las hogueras más altas y de País Portátil duró más de una hora. Una disertación que abarcó la política, la economía, la sociedad, el urbanismo, el hacinamiento carcelario, los bares y la vida nocturna de la ciudad”.

Continúo diciendo: “Cuando terminó, sobrevino un largo y denso silencio. Me serví un trago y Adriano otro. El cuñado se le quedó mirando, carraspeó, tosió, se revolvió en el sillón; cruzó, estiró y volvió a cruzar las piernas y finalmente, con la mayor naturalidad, preguntó: “Y entonces, Adriano, ¿qué me cuentas?” ¡Adriano no podía creerlo; tampoco yo podía dar crédito! Gracias a la memoria, al penoso ejercicio a la que la sometió sólo para agradar al futuro cuñado y ganar nuevos favores con la novia, Adriano estuvo mostrando un país arrojado al abismo; y el cuñado allí, estólido, impávido. Adriano González León entendió en ese instante que los amores con aquella novia no tendrían futuro mientras existiera viva aquella indolencia, aquella desidia y desaplicación que estuvo frente a él durante más de una hora y molesto, visiblemente molesto, tanto como podría estar cualquiera de nosotros en una situación semejante, contestó: “¿Que qué te cuento? ¡Te cuento los pelos del culo!”.

Pido perdón por lo extenso de este relato de las memorias de Izaguirre y su relación con Adriano González León, pero ¿acaso alguien puede cortar semejante historia y no ser execrado de la humanidad?, no lo sé, pero prefiero no caer en esa tentación – propia de un editor – y mantengo el texto en su justa dimensión.

Pero, podría preguntarse uno, ¿es que Rodolfo Izaguirre es el único con memoria en este país?, el escritor y conferencista dijo algo que pudiera tomarse como referencia sobre lo que nos ocurre a los venezolanos y nuestros recuerdos: “Óscar Lucien, el cineasta, sociólogo e investigador de la comunicación social fue entrevistado en El Nacional de Caracas el 18 de abril de este año 2011 por la periodista Michelle Roche. Ella le preguntó si el pueblo venezolano tiene memoria corta o si esa aparente miopía tiene que ver más bien con el hecho de estar ocurriendo muchas cosas graves a la vez y pocos o nadie se ocupa de sistematizar los hechos para articular soluciones.  Lucien dijo que “la nuestra es una cultura un poco perversa de la tabula rasa en la que todo siempre comienza de cero. En Venezuela, dijo, es difícil configurar en la tradición, y eso puede verse en cualquier forma de las artes de nuestro país. Vivimos en un eterno comienzo y eso dificulta la sedimentación de una memoria como tal. A pesar de que este es un país que tiene todos los mecanismos de la modernidad, no tenemos, observó Lucien, el pensamiento de la modernidad y tenemos, además, problemas con la civilidad: en este país la gente no sabe ni siquiera cruzar por el rayado. Tenemos un problema grueso con la definición de la ciudadanía. Si a esto le sumamos el de los medios de comunicación y el debilitamiento de los partidos políticos, no hay mecanismos para que la ciudadanía pueda ejercer sus derechos políticos”.

Como algo que escriba o diga Rodolfo Izaguirre no puede estar  alejado de la crítica, con todo derecho, al gobierno actual, su ejercicio de la memoria sirvió para exponr  que “el poder militar trata hoy, por todos los medios, de impedir que mantengamos la memoria civil que afirmamos a lo largo de cuarenta años ininterrumpidos de ejercicio democrático. Para lograrlo, niega o tergiversa la historia; amenaza, atemoriza; miente con descaro y se vale de la innegable circunstancia de que los gobernantes venezolanos, imperturbables y en cualquier época, han mentido al país con total impunidad. Richard Nixon perdió el derecho a despachar desde la Oficina Oval por haber mentido; lo que en Venezuela da risa porque mentir es lo usual en los pasillos gubernamentales”.

Expresó Izaguirre que “se pretende borrar la gloria que acompaña a quienes fuimos, durante la mal llamada Cuarta República, autores de un prodigio intelectual que superó la brutalidad gomecista y la fascista ordinariez perezjimenista, sus zarpazos a la libertad y los atropellos a los derechos humanos. En la hora actual bolivariana, marcada indignamente por la actitud brutal de desentenderse de un productor agrícola, de estudiantes, y de enfermeras que agonizan en huelgas de hambre solo para exigir mayor respeto a sus bienes, a la vida universitaria o a un simple aumento de salarios, vuelven a repetirse los zarpazos ¡con tanta saña! que se ha estremecido de estupor la comunidad internacional y se han alejado los propios seguidores del Autócrata del voto que podría asegurar su continuidad en el poder”.

Aunque la exposición fue más extensa que lo reflejado aquí, por un problema de espacio, Rodolfo Izaguirre  aseguró que “la memoria no nace ni crece natural y espontáneamente. Alguien dijo que el olvido surge como un hecho natural, mientras que a la memoria hay que ejercitarla, nutrirla y trabajarla. ¡Construirla! Sin quererlo o proponérselo un hombre como Manuel Caballero con más de cincuenta libros notables en su haber, una boina universitaria y enormes mostachos se convirtió en una especie de conciencia histórica de los venezolanos. “Nosotros no nacemos por generación espontánea, escribió, nacemos con una historia familiar y con la historia de un país. Estudié historia, dijo, para pretender explicarme mi razón de ser. Así como no se puede vivir sin memoria, así tampoco se puede vivir sin historia, la cual no es otra cosa que la memoria colectiva de los pueblos”. Cada uno de nosotros alimenta la suya y la integra luego a la memoria colectiva; y cada uno de nosotros debe prepararse para enfrentar y combatir al olvido”.

Concluir, luego de estas reflexiones de un hombre como Rodolfo Izaguirre – que ha estado en la escena cultural de Venezuela por muchos años, y esperemos que sean aún más –  no es fácil, y por ello simplemente señalaré que la memoria es un arma poderosa,  que  debe quedar escrita, pintada, escenificada, cantada para que otros sepan cómo llegaron a ser lo que son, y no cometan los mismos errores del pasado, aunque dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, o al menos esa es mi Visión Particular.

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