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Tres tiempos, tres miradas, una ciudad

No hay nada más subjetivo que la mirada. Todo lo que observamos pasa por un tamiz que se forma con nuestras experiencias, con nuestras vivencias, con nuestra educación, miedos, y gustos, adquiridos y naturales..

Basta pedir un opinión sobre algo que ven varias personas para saber que cada quién tendrá una opinión distinta, porque odas las personas tienen interpretaciones distintas de la realidad.

Mencionar a una ciudad tan particular como Caracas es enfrentarse a la posibilidad de convertir el tema en una inmensa torre de Babel, porque a quien uno le pregunte tendrá una opinión, una ilusión, y desilusión particular.

No es fácil escribir sobre una ciudad que como Caracas amanece muy temprano, con la gente en la cola para tomar el autobús o el metro, tomando café apurados en una esquina, o comiéndose algo para no llegar al trabajo con el estomago vacío.

Pero Caracas no solo amanece de madrugada, sino que es una ciudad que, como otras, se acuesta muy tarde en la noche, si es que lo hace, porque a cualquier hora vemos personas en la calle, terminando de trabajar, haciendo la misma cola  de la mañana pero ahora para regresar al hogar, o simplemente hay quienes se están divirtiendo a lo largo de la noche, y parte de la madrugada. ¡Y después dicen que somos flojos!

Sea que veamos a Caracas desde El Ávila, desde la imaginación más absurda que nos permite encontrarnos con cualquier tipo de habitantes o que seamos críticos porque la actual metrópolis no es la que conocimos en una época, y los recuerdos comienzan a ser vagos por falta de registro, lo cierto es que la capital de Venezuela no deja pasivo a nadie, todo lo contario, el que la visita, o viven en ella tiene su opinión, su vivencia, su relación personal  con ella. Como dice el periodista Andrés Rojas, “Caracas es su país” porque la ciudad lo tiene todo, a veces en exceso agregaría yo, pero es el lugar que no abandona porque están sus sentimientos, sus creencias, aunque un viaje fuera de este contexto citadino, ayuda muchas veces a redefinir la ciudad y encontrarle nuevas razones para quererla u odiarla.

Escribir sobre Caracas requiere tiempo, esfuerzo, compañía, ayuda y mucho apoyo.  Este trabajo no es de uno solo, es de muchos, entre ellos la periodista y amiga Yosmar Herrera, que plantea su mirada sobre otra forma de interpretar a la ciudad, una que es de todos y en la que todos tenemos cosas que decir.

El Ávila fragmentado

El Ávila como fuente de inspiración ha sido un tema recurrente en el arte venezolano. Desde el siglo XIX pintores viajeros como Ferdinand Bellermann, Fritz Georg Melbye, sir Robert Ker Porter, Jean Baptiste Louis barón de Gros, entre otros, visitaron estas tierras seducidos por las noticias de Humboldt y Bonpland, sobre la riqueza y exuberancia del paisaje.  De los artistas locales, Martín Tovar y Tovar fue uno de los primeros pintores que dedicó parte de su producción al registro del territorio. El Ávila es un protagonista en las piezas de Manuel Cabré.

Este texto es parte de lo que señala Anita Tapias, curadora de la muestra de Carlos Germán Rojas, quien  inauguró en el Ateneo de Caracas una exposición de fotografía donde el cerro El Ávila, o waraira repano, es el protagonista, pero se nos presenta como la punta del iceberg.

“Quizás para él, como para muchos otros pintores, dibujantes, fotógrafos, registrar este paisaje, estos fragmentos del Ávila tengan la intención de dejar un testimonio de una Caracas que día a día se desdibuja más, entre grandes construcciones, barrios desparramados por cualquier parte, crecimiento desenfrenado y anárquico. Estos fragmentos del Ávila nos hablan de lo bello y lo feo, de lo sublime y lo vulgar, de lo privado y lo público, del ritmo de una ciudad que no sucumbe entre miedos y retos, que lucha por no dejarse eclipsar”, escribió Tapias.

Las piezas exhibidas en el Ateneo, cerca de 20, son fotografías  que miden alrededor de 40 x 30 cm, otras son de 45 x 19 cm, e incluso las hay de 53  x 23, pero que el tamaño no nos engañe, porque como dijo el propio expositor y fotógrafo, estas muestras son apenas fragmentos de las imágenes originales que fueron tomadas en gran tamaño.

Fotografiando la imaginación

(Por Yosmar Herrera)

Siempre he pensado que la vida en general es cuestión de actitud; de cómo mires tu realidad va a depender en gran medida la forma como la enfrentarás.

A finales de agosto de este año 2011, asistí a una exposición fotográfica titulada “Caracas Emmental” en el Centro de Arte Los Galpones, cuya propuesta me hizo sentir que no soy la única en buscar algo más que la simple interpretación de la existencia real y objetiva de las cosas. Se puede sustituir lo groseramente real por una irónica adaptación de una imaginación sin límites y hasta graciosa de una realidad con la que nos enfrentamos a diario.

La fotógrafa Violette Bule, valenciana (Venezuela) de nacimiento y cuyos estudios fueron realizados en la Escuela Activa de Fotografía de México, presentó una obra en la que la protagonista fue nuestra mal entendida ciudad de Caracas.

Utilizando magistralmente la sátira para plantear mucha reflexión, en torno al deterioro de una urbe y su evidente ausencia de mantenimiento en la vialidad, la artista nos invita en texto de Franklin Arellano: “a cuestionar las interacciones con nuestro entorno”.

Porque si bien es cierto no se puede transitar unos cuantos kilómetros en la “sucursal del cielo” sin tropezar con una “tronera” en el siguiente paso, entonces, colocarle un nombre o imaginarnos lo inverosímil, para cada hueco o zanja, es una mirada diferente a nuestra irremediable realidad.

¿Se imaginan ver sentados en primera fila, cotufas en mano, en unas butacas colocadas en una calle en Caricuao, al elenco de Star Wars, frente a una estelar zanja, cómo si se tratara de la propia película?

O ¿utilizando un charco en la Zona Rental (Plaza Venezuela), como parte del equipo de una manicurista?

¿O, simplemente observar cómo Alicia la del “País de las Maravillas” ingresa a un mega-hueco en una de las autopistas?

Después de todo la realidad será siempre “según con el cristal (o el lente) con que se vea”

La memoria intervenida

Ser comunicadora social y fotógrafa es una combinación que hace que quien la posea se vuelva más crítica sobre el mundo que la rodea, que si se tiene otra profesión u oficio.

Eso tiene Dalia Ferreira, una periodista que busca plasmar esa realidad que forma parte de la memoria de Caracas, sus estructuras, sus monumentos, sus edificios, pero ella no se queda allí, porque ese hecho fotográfico la lleva, para bien o para mal,  a plantear un discurso visual que  juega con nuestras mentes, con nuestro sentido del volumen al hacer lo que ella denomina: “fotografía intervenida”.

Ferreira hace un planteamiento de la ciudad,  de cómo es su relación con quienes la habitan, “la ciudad como experiencia individual y colectiva. Esa  ciudad que nos contiene y que está sujeta a las fuerzas de cambio de las que hablaba Foucault”.

Su manera de ver a Caracas parte de la deconstrucción del hecho fotográfico. Tomar una fotografía no es solo para ella captar un momento de una ciudad que no volverá, porque está en constante movimiento, sino una manera de recordarnos que muchas de las cosas con las que crecimos y que eran símbolos de la capital, ya no están, nos lo guardaron en una caja, por decir algo elegante – y no que nos lo quitaron sin pedirnos permiso como es realmente la situación –   pero también sirve de excusa para agregarle elementos a esa ciudad que nos envuelve y nos aprisiona, como si estuviéramos en Cuarentena y no nos dejara salir porque estamos todos infectados de ciudad y no conocemos otra cosa, pero que también nos ofrece la posibilidad de oler una taza de café para recordar tiempos que no volverán.

Tres miradas, tres interpretaciones visuales de una ciudad, algunos aportes literarios sobre lo que generan esas imágenes, pero Caracas es eso y mucho más. Es una Ciudad que puede ser un país; es un país que se mueve al son de lo que pasa en la Ciudad. Son más de 2 millones de historias diarias que van y vienen buscando un mejor futuro, y un presente más estable.

Sea que veamos a Caracas desde un fragmento, desde la imaginación más osada, o desde la destrucción de una memoria, esta ciudad tiene su encanto, sus alegrías y tristezas que hace que muchos la añoren, como Billo Frómeta cuando cantaba ¡Epa Isidoro!, recordando al último cochero que tuvo Caracas, o la cataloguen actualmente como una de las ciudades más peligrosas de Latinoamérica,  con una media de 200 asesinatos por cada cien mil habitantes, según datos del Observatorio Venezolano de Violencia, que coloca  a la capital venezolana, otrora ciudad de los techos rojos,  en  la segunda  ciudad más violenta del mundo por homicidios, según un estudio divulgado  por la organización civil mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, solamente superada por Ciudad Juárez en México, mientras Nueva Orleans en Estados Unidos está en la tercera posición. Pero siempre será una ciudad que genera sentimientos, lo que hace que sea una zona viva, que depende de todos los que en ella habitamos para hacerla más humana, más verde, más cálida, o al menos, esa es la Visión Particular, en este caso colectiva, de algunos que sentimos nuestra a Caracas.

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