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Una lámpara de hotel es la excusa para escribir

“Hablamos de lo que sabemos” es una frase dicha por D.B Russell, y ¿quién es ese? se preguntarán algunos. Este nombre no pertenece a un ser vivo, sino a un criminalista forense interpretado por Ted Danson en CSI Las Vegas, quien al igual que un periodista, utiliza lo que sabe y conoce para ejercer su trabajo.

Pareciera ser una obviedad, como dice la periodista Ana Mely Rodríguez,  afirmar que hablamos de lo que conocemos. Pero no siempre es así, y muchas veces no tenemos material para hablar porque simplemente no leemos, no conocemos y no vivimos.

Uso esta frase para hacer algo que acostumbro decirle a mis estudiantes de la cátedra de edición y estilo II, sexto semestre, de la Universidad Santa María: lo que escribimos tiene mucho de nuestras vivencias, de nuestros conocimientos, de lo que investigamos, y cualquier cosa –  por pequeña y aparentemente insignificante – puede ser el punto de partida de un escrito, de un trabajo noticioso. Solo basta buscar qué es lo interesante y qué queremos decir.

Como un ejercicio mental y de escritura planteé en la clase – tomando como referencia la película Titanic de James Cameron – ¿qué podemos investigar y escribir a partir de elementos aparentemente inconexos?

Las incógnitas eran: Una lámpara, el Hotel El Alba y el Hotel Majestic. Esos tres simples elementos debían generar una reacción, una búsqueda y un final que sería un trabajo.

Pero – siempre hay un Pero – las predicas no pueden ser solo de palabra, deben ser también obras concretas. Así que con estas tres premisas yo también decidí hacer mi propia historia.

Cuando la realidad y la fantasía se mezclan

Si recordamos Titanic, el director nos lleva en el inicio de la película a una expedición donde unos modernos buzos consiguen artículos en un barco hundido, que aseguran es el famoso trasatlántico que malogró su travesía en su viaje inaugural. Entre las prendas encontradas está  un espejo de mano, un cepillo de cabello y un dibujo de una mujer que solamente viste con collar, el  conocido “El Corazón del Mar” o “Corazón de la Mar”. La realidad es que este collar es una invención para la película, aunque algunos aseguran que  está inspirado por un collar de zafiro perteneciente a Kate Florence Phillips, sobreviviente del RMS Titanic.

En Venezuela tenemos nuestro propio “Corazón del Mar”, o al menos así me gusta pensarlo, y está en el Hotel El Alba de Caracas, antiguo Hotel Hilton, colgado de uno de los techos que permite ascender al segundo piso de las salas de reuniones o banquetes. Allí, escondido detrás de unas hojas de una palma, está un letrero en metal que dice: Lámpara del Hotel Majestic.

¿Cómo llegué a ver esa placa? podría decir que es por aquello de que “al inocente lo protege Dios”, ya que la lámpara  en cuestión siempre me ha llamado la atención pero no sabía su procedencia, hasta que ví la lamina con la explicación, y al igual que Rose, supe que estaba la historia que quería contar; una historia sobre el pasado de Caracas y su memoria, o falta de ella, en los tiempos presentes.

Una cosa lleva a la otra

En 1927, frente al Teatro Municipal y la Plaza San Pablo,  comenzó a construirse el Hotel Majestic  que – le quitó la primacía a la torre de la Catedral y se erigió como la edificación más alta de la ciudad.

El 12 de octubre de 1927 llegó a Venezuela Manuel Mujica Millán  contratado para diseñar el hotel Majestic de Caracas, y fue construido por Eloy Pérez Alfonso, concluyendo el trabajo del edificio en 1930.

Se comenta que para su época, este Hotel era el lugar de eventos sociales y residencia eventual de las personalidades que arribaban la ciudad.  Oscar Yanes cuenta que el Majestic era muy lujoso, el único que tenía agua fría y caliente. Para hospedarse allí había que pagar 30 bolívares diarios, una fortuna, tomando en cuenta que  un albañil para ese entonces ganaba 1 bolívar y medio. Solo los ricos de la época podían quedarse allí. Además, el Hotel fue el primero en Caracas en tener ascensor.  Hablando de esas primeras cosas en Caracas, ¿Saben dónde están las primeras escaleras mecánicas de la ciudad?, averigüen.

El Hotel Majestic era un edificio de techos rojos, con un café con toldos que se abría a una pequeña plaza, en donde había una estatua de José Tadeo Monagas, un reloj de pie, y más al fondo, la fachada del teatro. Desde allí se podía observar el tranvía que subía en dirección norte por la izquierda.

Personajes de allá y de aquí

Para muchos jóvenes solo los artistas y deportistas actuales son objeto de extensos recibimientos, desmayos incluidos, y largas caravanas desde el aeropuerto hasta los hoteles capitalinos. Se podría citar el caso de la llegada de la selección Vinotinto al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, o algunos artistas, como el recibimiento dado a David Bisbal, o  la reciente  visita de Justin Bieber para citar algunos ejemplos de este comportamiento. Incluso la hija del presidente Chávez, Rosinés,  se tomó una foto con el cantante en el hangar donde llegó el avión.

Sin menospreciar estas muestras de afecto hacia cantantes y artistas internacionales del momento, hay que recordarle a más de uno que esas acciones “desenfrenadas” no son recientes.

El jueves 25 de abril de 1935 Carlos Gardel llegó al Puerto de la Guaira, procedente de Puerto Rico, en la motonave “Lara”.  Una multitud, calculada en más de 3.000 personas, esperaba en los muelles desde las 9 de la mañana.  A las once y siete minutos bajó Gardel del vapor “Lara”.  Una limousine estaba preparada para trasladar al ilustre visitante y en ella partió junto a sus guitarristas. Tanto fue el desborde popular que Gardel debió refugiarse en la fábrica de vidrios de Maiquetía. Allí bebió un refrigerio, calmando la sed por el calor reinante. Acompañado de sus guitarristas: Riverol, Barbieri y Aguilar, así como también de Le Pera, y tras sortear las dificultades que produjo el hacinamiento ocasionado por la multitud de admiradores, los viajeros lograron ser trasladados al hotel “Miramar” en Macuto.

Al arribar a la estación Caño Amarillo en Caracas, el tren fue literalmente invadido por admiradores impacientes y Gardel debió ser resguardado por sus acompañantes. La Banda de Música “Ayacucho Nº 1” interpretaba pasodobles y valses criollos.

Las plantas del jardín de la estación ferroviaria fueron pisoteadas. Debió intervenir la policía y en los forcejeos, hasta el propio Alfredo Le Pera – amigo y representante de Gardel – fue golpeado por error por un agente del orden. Y así, en medio de ese gran tumulto, los viajeros lograron refugiarse en los automóviles que les aguardaban, y partieron hacia sus alojamientos en el Hotel Majestic.

El trayecto, que no llega a mil metros no se pudo terminar en carro, porque fue averiado por el público. Gardel bajó del vehículo y llegó al Hotel Majestic caminando y a ratos en andas, sobre los hombros del público, durante varias cuadras.

Gardel, quien se alojó en el segundo piso del Hotel,  no solo pasó por el Majestic, sino que los documentos recogen un hecho considerado histórico,  ya que existe una carta manuscrita del cantante a su madre, utilizando una  hoja de papel con el logotipo del establecimiento, donde confirmaba un lejano acontecimiento ocurrido en la vida de su progenitora: el viaje que los Gardel hicieron a Venezuela, varios años antes del nacimiento del cantante. Es por ese motivo que le dice: “te escribo desde Venezuela el país que vos conocés lo mismo que tío Juan…”, lo que demostraría, para los historiadores, que la familia del llamado “Zorzal” estuvo en estas latitudes en algún momento.

En el ámbito nacional, es Aquiles Nazoa quien tiene un papel dentro de la historia del Majestic. El escritor, periodista, poeta y humorista, cuya obra proyecta los valores de la cultura popular venezolana, tuvo una parte de su vida vinculada al Hotel porque se desempeñó en varios oficios: aprendiz de carpintería, telefonista y botones en los años de 1932 a 1934. Mientras que a partir de 1942 Aldemaro Romero toca el piano en el Hotel.

La historia del hotel Majestic finalizó el 18 de febrero de 1949, cuando es demolido para dar paso a las torres de El Silencio, acabando de esta manera con un patrimonio que tuvo la ciudad.

Afortunadamente existe hoy en día una maquetade la época en el Consejo Municipal de Caracas.

En su tono particular, y hasta cierto punto pesimista,  José Ignacio Cabrujas habría dicho: “el sonido de aquella bola, quebrando las paredes ante el maravillado júbilo de centenares de caraqueños que voceaban y ponderaban el movimiento pendular de la pesada mole… En un cierto momento, la esfera metálica alcanzó una columna y un piso entero se resquebrajó, levantando nubes de polvo. El aplauso fue unánime y emocionado. Era como si nos encontráramos a nosotros mismos en ese gesto colectivo”.

Piezas por aquí y por allá

Si el relato de esta parte de la historia nacional comenzó con una lámpara, habría que preguntarse ¿qué pasó con otras piezas del Hotel Majestic?

Las respuestas, como en todo lo que tiene que ver con lo nuestro, se disuelven en la memoria, una que constantemente nos obligan a reinventar, porque cada Gobierno quiere – desconozco si intencionalmente – hacer borrón y cuenta nueva,  comenzando desde cero, para ser ellos los llamados a crear la historia, desconociendo los aportes anteriores.

Política fuera, además de la lámpara que está en el Hotel El Alba, en internet se menciona que el reloj del Hotel Majestic fue cambiado hacia alguna zona de Bella Vista, mientras Hans Klein comentó, en un artículo sobre el tema, que las puertas del Hotel Majestic, eran de hierro y tenían una “M” en su centro. Al parecer, según Klein,  las compró el Dr. IvánDario Maldonado, ex gobernador de Carabobo y copropietario del Hato El Frío en Apure, y las instaló en su casa de Valencia, que se llamaba Las Trinitarias y perteneció originalmente a la familia de Hans Frey copropietario de las fabricas de Jabón Las Llaves, Velas La Estrella y Manteca Freyco, además de la Hacienda Cumboto, todas en Puerto Cabello.

El cerebro es un músculo, y como tal requiere ejercitarse, a través de la práctica diaria de la imaginación, de la memoria, de la observación y del pensamiento. La asociación de ideas, los guiños y juegos para crear historias que entretenga, informen y eduquen son una parte del trabajo de los periodistas. Más allá de la tecnología, lo que subsistirá siempre será  la capacidad de asombrar, de contar cosas de lo que sabemos, hemos vivido y seguiremos aprendiendo. O como dijo D.B Russell “Hablamos de lo que sabemos”.

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