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La Barbarie, las trampas y fantasmas en la perpetuidad del poder

Una vez que se aloja  la idea en la cabeza del dominado y se le lleva a considerar como natural lo que desde el nacimiento se le está imponiendo, se ha logrado tener Poder, como lo define  Paulo Freire.

Sin caer en teorías psicológicas, basta saber que  son cinco las bases del Poder que fueron propuestas por los psicólogos sociales John French y Bertram Raven, en un estudio de 1959.

Estas ramificaciones conceptuales de la noción de Poder sirven para analizar desde esta óptica, dos procesos históricos que se presentan en estos días en las tablas del teatro venezolano.

El Poder de coacción es aquel que se basa en la capacidad para imponer castigos por parte de quien lo ostenta. La joven Bárbara, una muchacha del llano venezolano, pasa de ver cómo tres hombres asesinan a su novio Asdrúbal, la violan, matan sus esperanzas, su dulzura, las ilusiones, para generar el nacimiento, sombrero en mano,  de Doña Bárbara.

Con el título de esta mujer que se transforma en castradora  y que ve en el Poder su fuente de venganza,  Rómulo Gallegos, publica en 1929, la lucha del atraso y lo moderno, del salvajismo contra la educación, del odio contra el amor.

Doña Bárbara inspiró Carolina Lizarraga, creadora a su vez de VENEZUELA VIVA, para plasmar en ORINOCO, el musical, la complejidad del Poder expresada en la obra de Gallegos.

ORINOCO, el musical, que fue estrenada en junio del 2011 en la Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, UCV, en una breve temporada, regresa otra vez para contarnos esa historia del llano adentro en una propuesta escénica totalmente venezolana, y que se mantendrá en esta sala  hasta el 6 de noviembre.

Música, baile, canto, y actuaciones se pueden observar en esta versión libre de la novela Doña Bárbara y que cuenta con las interpretaciones de la bailarina Daniela Tugues, como la mujer que usa el poder para sus deseos personales y somete a todo el que no está de acuerdo con ella; el cantante Alejandro Zavala, como Santos Luzardo, la bailarina y cantante Carla Urquiola,  como Marisela – la hija de Doña Bárbara – y el cantante Juan Carlos Páez, como Pajarote, representante de ese llanero que sirve a su patrón y  quiere lo mejor para su tierra.

En una lucha de poderes, que mezcla tiranía, el deseo de superación ante la adversidad, la brujería, y el amor como motor de decisiones trascendentales, la música tiene un papel protagónico con géneros como el joropo, el flamenco y el jazz, que marcan cada momento de conflicto con las utilización de Arpa, cuatro, maracas, mandolina, flauta, bajo, teclados, violín y batería, todos bajo la dirección de César Orozco.

Santos Luzardo es el protagonista que se enfrenta a su pasado, y por ello decide regresar a su hacienda, Altamira, para encontrarse que Doña Bárbara ha sembrado el terror en los llanos en su propio feudo, la Hacienda El Miedo,  desde donde imparte sus órdenes con mano dura -lo que en último término, asegura la efectividad de su poder- aunque  tiende a ser la menos efectiva de las formas de control, al generar resentimiento y resistencia, que se ve enlos hechos de la obra que desencadenan un cambio en la manera de influir en el Llano.

El montaje tiene sus momentos de mucha fuerza y emoción, con aplausos reiterados incluidos. Esta segunda temporada ha hecho revisión de algunos elementos que molestaban en la pasada edición, principalmente  en materia de escenografía, al eliminar parte de las ramas del decorado que dificultaban la visión, principalmente desde los laterales de la sala.

Las entradas para  ORINOCO, el musical,  en el Aula Magna de la UCV, están a la venta en http://www.solotickets.com, tiendas Esperanto (San Ignacio, Paseo Las Mercedes y El Recreo), tiendas Confetti (Sambil y Galerías Prados del Este), en las taquillas del Aula Magna de la UCV, y a través de la página Web: http://www.venezuelaviva.com.  Los precios van desde 150,00 a 450,00 Bsf.

Mecanismos de poder para perpetuarse

En El Príncipe, Nicolás  Maquiavelo (en italiano Niccolò di Bernardo dei Machiavelli) aconseja al monarca evitar cambiar las instituciones y dejar lo más posible a los subalternos el cuidado de tomar medidas impopulares, elegir con cuidado a sus consejeros y evitar cederles la menor parcela de autoridad. Se dedicará tan sólo a defender y extender su poder por todos los medios, incluso utilizando el crimen si es necesario. “Vale más ser temido que amado”. Este tipo de aseveraciones es el que le han valido su mala fama. Sin embargo la pregunta es: ¿no es así como funciona el poder en las instituciones, hasta en las que más predican el amor, como la Iglesia?

Este principio es el que refleja Fermín Reyna, escritor e intérprete, en el monólogo “Maquiavelo Eternamente”, que se está presentando  en la Sala María Teresa Castillo del Ateneo de Caracas.

Con la dirección de Alid Salazar, la obra muestra a Maquiavelo recibiendo lo que sería “una cucharada de su propia medicina” cuando desde una hipotética isla del Caribe el que ha propuesto y recurrido a mecanismos de manipulación termina siendo víctima de su propia forma de manejar el Poder.

Nicolás Maquiavelo  fue diplomático, filósofo, historiador, poeta y autor teatral italiano,  originario de Florencia, fue un factor importante en el Renacimiento italiano, en particular en su componente político. Considerado fundador de la filosofía política moderna, tiene en El Príncipe uno de sus escritos más populares, controvertidos, discutidos y menos comprendidos, al punto que el apellido Maquiavelo ha dado origen al término Maquiavelismo, usualmente asociado a procederes oscuros y poco éticos, deformando la doctrina de este autor, según la cual todas las grandes acciones llevan en sí su propia moral, o “El fin justifica los medios”.

La obra ubica a Maquiavelo en una isla del Caribe, donde debe enfrentar el amotinamiento de una asociación que él preside, gracias al Poder legitimo, y que está integrada por los dictadores más despiadados de la historia universal, mezclando así los tiempos, con un solo objetivo: ver cómo la manifestación del Poder ha estado en la vida del ser humano, y cómo Maquiavelo no es inmune a los deseos de perpetuar sus acciones, sus ideas, en fin: su Poder.

Maquiavelo utiliza todos los recursos, hasta el llanto y sus reflexiones más personales,  para lograr imponer dentro de la ficticia Asociación la idea que cuanto más estable y duradero sea un gobierno, tanto mejor será. La estabilidad es uno de los puntos a los que apuesta Maquiavelo, eso sí, siendo él, en este caso, el que debe quedar en el Poder, y para ello propone – al mejor estilo moderno – la modificación de unas de las cláusulas de la organización, que le permita a él ser el presidente eterno del grupo. Cualquier semejanza con políticos actuales o de un pasado reciente, tal vez no sea una mera coincidencia y sí producto de las malas interpretaciones de la lectura de El Príncipe.

El personaje de Maquiavelo intentará manipular a la audiencia – hasta utilizando los elementos mesiánicos y de ser el enviado de Dios – para descalificar a sus contendores, o haciendo que no le interesa el Poder, para lograr el efecto contrario, pero en esos cambios que da la vida, Maquiavelo terminará aflorando sus propias verdades y sus propias miserias.

Para el autor de la obra,  Maquiavelo, como personaje,  “es intemporal, puede moverse tanto en el mundo antiguo como en el moderno; viajando como en un juego cinético por diferentes facetas de la historia política de la humanidad, emitiendo relámpagos de sabiduría que invitan a la reflexión y a la profundización de la realidad que nos azota”.

A veces el monólogo se vuelve largo, además el texto tiene momentos en que parece improvisación del momento para lograr una mayor sensación dramática, que no le resulta, mientras que el discurso que  se escucha, al principio, una voz en off en italiano del vicepresidente de la Asociación, Emiliano Cacique, se hace largo y  tedioso, porque no sucede nada mientras se está rodando la cinta con la voz.

Este montaje tendrá solamente seis funciones: sábados a las 8:00 p.m. y domingos a las 6:00 p.m., en la sala María Teresa Castillo, nueva sede del Ateneo de Caracas, en la avenida La Salle de Colinas de Los Caobos, diagonal a Venevisión. Vigilancia y estacionamiento en el Colegio La Salle. Entrada general Bs. 85, estudiantes y tercera edad, Bs. 75, a la venta enwww.solotickets.info, tiendas Esperanto del C.C. San Ignacio y C.C.El Recreo, Tienda Confetti del Sambil y en la Taquilla del Ateneo.

El Poder de contar lo que le pasa a otros

En la Librería Kalathos, que está en Los Galpones de Los Chorros, un hombre aparece de entre los estantes de libros y con voz llorosa comienza a contarnos lo cruel que es la gente que mata gatitos recién nacidos, lo terrible que es para él ver cuando le hacen daño a los animales, a  las mascotas, porque ellos no pueden contestar ni reaccionar con palabras ante ese maltrato.

Él, que se llama Salvador, necesita  contar lo triste y mal que se pone con estas acciones de gente sin escrúpulos, y es que conoce de malas acciones porque su oficio lo requiere. Sus servicios son prestados a aquellos que necesitan salir de la suegra, o de un marido – o esposa – que sufre de celos, y por una cantidad de dinero usa su herramienta, un revólver de 6 balas, para salir de cualquier problema que se tenga.

Salvador es un asesino a sueldo y está consciente de ello, aunque por su presencia no parezca ser ese tipo de personas, por eso le dice a quienes lo vemos, que ese es su trabajo, pero no entiende a quienes hacen daño a las mascotas. También, en una filosofía muy a lo de Eudomar Santos, recordado personaje de Por estas Calles, nos hace entender que no debemos confiarnos en los paradigmas naturales de la sociedad, como juzgar por apariencia, o color de piel, porque donde menos se espera, puede estar un asesino, un ladrón, o simplemente una persona que no tiene la posibilidad de verse bien.

Este personaje, interpretado en una versión libre por el actor Paul Gámez, pertenece a una de las tres piezas teatrales del libro  Lo escuché llorar en mi boca: Tríptico de Caracas, que  Joaquín Ortega, bautizó en la librería de Los Galpones, bajo el auspicio del Grupo Editorial Eclepsidra, que estrena con este libro de dramaturgia su colección  El patio de las Ancízar, en honor a José Ignacio Cabrujas. La referencia a El Patio de las Ancízar viene de El día que me quieras.

Carmen Verde, Directora- Fundadora, y productora general del Grupo Editorial Eclepsidra, dio la bienvenida al bautizo señalando que esta nueva colección se suma a las otras de la Editorial (Poesía, Narrativa, Ensayo) que tiene 15 años de trabajo ininterrumpido.

Sobre la colección El Patio de las Ancízar, Verde aclaró que aunque es en homenaje a José Ignacio Cabrujas, no es el único autor que será publicado, sino que se tratará de abarcar todo el ámbito teatral, con libros de dramaturgos, directores y otros artífices del hecho escénico.

Lo escuché llorar en mi boca: Tríptico de Caracas es un libro que agrupa tres obras breves – monólogos – que giran sobre el ser humano y sus vivencias, problemas de inseguridad, de violencia que vivimos a diario, y del que muchas veces somos protagonistas y no solamente víctimas.

El director de teatro del grupo Forte, Vldimir Vera, fue el presentador del libro  de Ortega y comenzó recordando textos como Penitentes, de Elio Palencia;  Último piso de Babilonia,  de Xiomara Moreno, y ahora estos textos de Joaquín Ortega, para  destacar los historias que en la selva de cemento que es Caracas se producen en materia de sexualidad, violencia y que pocas veces se trata – de manera coherente – en la dramaturgia actual venezolana.

Del libro de Joaquín Ortega, Vera mencionó ese mundo oscuro que hay en la ciudad, y que también merece tener un espacio para que personajes como Salvador, o Patricia puedan decir las cosas que suceden en esos lugares sobre los que muy pocas veces podemos conocer de primera mano.

Las leyes se imponen a la fuerza o por la acción de unos hombres (sean de origen noble, plebeyo o real) pero una vez establecidas son algo más que fuerza bruta, son protección contra el miedo, contra la inseguridad que penetra toda vida humana. Las leyes que se imponen no se pueden mantener por el simple dominio de la fuerza – como pretendía Doña Bárbara –  sino que debe ser también parte de un proceso intelectual que permita a los mejores influir – como Maquiavelo intenta al querer eternizarse en la Asociación – para que otros mejoren su calidad de vida o de acción.

Pero las acciones deben recibir alguna satisfacción, y eso lo reciben los personajes de Lo escuché llorar en mi boca: Tríptico de Caracas, que cobran voz con la dramaturgia de Joaquín Ortega  y reciben beneficios como tiempo de vida, el regalo de hacerse presente en la mente de los lectores, porque al final todos buscamos trascender, aunque las maneras para hacerlo sean tan variadas como las oportunidades que nos ofrece la vida para desarrollarnos. O al menos, esa es mi Visión Particular.

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Una respuesta

  1. gracias por la nota y por la lectura tanto de la obra de Fermín Reyna, grande y concisa, como por tus comentarios sobre la puesta en escena de Paul Gamez y mis textos
    Feliz semana
    Joaquín Ortega

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