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Cuentos de cerditos (por el día de los inocentes)

Oigan este tema de la Orquesta Mondragón mientras leen

Aprovechando este 28 de diciembre, quiero contar tres inocentes historias, donde aparecen cerditos.

Tal vez las historias son inocentes, aunque la intención de contarlas no lo sea.

Una excusa para contar estas historias es la exhibición de fotos de la “Foto Temporada de Cochinos Pedigüeños” que se realizó en el Bazar Navideño de Corotografía de la escuela foto arte.

El Niño – Cerdo

Había una vez un niño al que no le gustaba vestirse cuando querían sus papás, ni ponerse lo que le decían tras el baño. Él prefería vestir de forma mucho más rara, pero sobre todo, tardar mucho. Sus papás, que siempre tenían prisa, querían que fuera más rápido, pero a él eso no le gustaba y tardaba aún más.

Hasta que un día sus padres tenían prisa, y se enfadaron tanto cuando se negó a vestirse, que le dijeron que saldría desnudo, lo que no le importó en absoluto. Así que salieron, y mientras esperaba desnudo junto a la casa que sus padres trajeran el coche, pasó el cuidador de los cerdos del pueblo. Ese hombre, que estaba medio sordo y veía muy poco, además había olvidado sus gafas, así que cuando vio la piel rosada del niño, creyó que era uno de sus cerdos, y a voces y empujones se llevó al niño a la pocilga. El niño protestó todo el tiempo, pero como el hombre no oía bien, no le sirvió de nada. Y así pasó todo el día, viviendo entre los cerdos, confundido con uno de ellos, compartiendo su comida y su casa, hasta que sus padres consiguieron encontrarle.

Y el niño lo pasó tan mal ese día, que ya nunca más quiere que le confundan con otra cosa que no sea un niño, y siempre es el primero en vestirse y arreglarse para ser un niño perfecto, de los de libro.

Tradicional cuento de cerditos

Había una vez tres cerditos que eran hermanos y se fueron por el mundo a conseguir fortuna. El más grande les dijo a sus hermanos que sería bueno que se pusieran a construir sus propias casas para estar protegidos. A los otros dos les pareció una buena idea, y se pusieron manos a la obra, cada uno construyo su casita. – La mía será de paja – dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con facilidad. Terminaré muy pronto y podré ir a jugar.

El hermano mediano decidió que su casa sería de madera: – Puedo encontrar un montón de madera por los alrededores – explicó a sus hermanos, – Construiré mi casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar. El mayor decidió construir su casa con ladrillos. – Aunque me cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y dentro estaré a salvo del lobo. Le pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de zanahorias.

Cuando las tres casitas estuvieron terminadas, los cerditos cantaban y bailaban en la puerta, felices por haber acabado con el problema: -¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo! – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! Detrás de un árbol grande apareció el lobo, rugiendo de hambre y gritando: – Cerditos, ¡me los voy a comer!

Cada uno se escondió en su casa, pensando que estaban a salvo, pero el Lobo Feroz se encaminó a la casita de paja del hermano pequeño y en la puerta aulló: – ¡Cerdito, ábreme la puerta! – No, no, no, no te voy a abrir. – Pues si no me abres… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! Y sopló con todas sus fuerzas, sopló y sopló y la casita de paja se vino abajo. El cerdito pequeño corrió lo más rápido que pudo y entró en la casa de madera del hermano mediano. – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo! – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! – cantaban desde dentro los cerditos.

De nuevo el Lobo, más enfurecido que antes al sentirse engañado, se colocó delante de la puerta y comenzó a soplar y soplar gruñendo: – ¡Cerditos, abridme la puerta! – No, no, no, no te vamos a abrir. – Pues si no me abrís… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! La madera crujió, y las paredes cayeron y los dos cerditos corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo de su hermano mayor. – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo! – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! – cantaban desde dentro los cerditos.

El lobo estaba realmente enfadado y hambriento, y ahora deseaba comerse a los Tres Cerditos más que nunca, y frente a la puerta dijo: – ¡Cerditos, abridme la puerta! – No, no, no, no te vamos a abrir. – Pues si no me abrís… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! Y se puso a soplar tan fuerte como el viento de invierno. Sopló y sopló, pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía derribarla. Decidió trepar por la pared y entrar por la chimenea. Se deslizó hacia abajo… Y cayó en el caldero donde el cerdito mayor estaba hirviendo sopa de nabos. Escaldado y con el estómago vacío salió huyendo hacia el lago. Los cerditos no lo volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan perezosos y poner en peligro sus propias vidas, y si algún día vais por el bosque y veis tres cerdos, sabréis que son los Tres Cerditos porque les gusta cantar: – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo! – ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! .

Corazones tiernos

Así tituló el periodista Rafael Poleo su “Corto y Profundo” del miércoles 21 de diciembre del 2011, publicado en el diario El Nuevo País, donde compara al presidente Hugo Chávez con el fallecido líder norcoreano Kim Jong Il y con Fidel Castro.

“El norcoreano Kim Jong Il se mantuvo en el poder extremando el método de Castro en Cuba, que Chávez trata de desarrollar en Venezuela. Este método consiste en sobornar a los Generales, hambrear al pueblo y aterrorizar a los disidentes”, sostiene Poleo.

Con respecto al soborno de los militares, Poleo dice que ellos son el poder real, porque están armados, y se les controla a través de los generales. Sobre el manejo del pueblo, aunque algo más complicado, señala que se destruye la producción y se importan los alimentos para otorgarlos solamente a quienes le expresen lealtad, como si fueran gallineras en el gallinero, cochinos en el chiquero, o perros en el corral. En cuanto a la disidencia, para Poleo, se le aterroriza para que se exilie, o se le manda a la cárcel con maltratos extremos. Poleo finaliza diciendo que son “buenos muchachos” el Kim Jong-il, el Fidel y el Hugo, lindos, diría yo, los “tres cerditos”.

Será que el de aquí es el lobo del cuento de los tres cerditos, que quiere soplar y soplar para tumbar a militares, pueblo y oposición. O puede ser que esté buscando convertirnos en aquel niño que tuvo que vivir con los cerdos para darse cuenta de lo que realmente importa.

Reflexiones para un día inocente, con intenciones no tan inocentes, porque los cuentos, como las fábulas buscan dejar una moraleja, una enseñanza en los niños, quienes al tener la mente en desarrollo pueden modificar conductas, pero al ser mayores pareciera que son las conductas las que modifican nuestro desarrollo, o esa es, mi Visión Particular.

Feliz Día de los Inocentes, si es que esta fecha debe ser celebrada

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