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¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Si alguien del presente, con sensibilidad artística y ansias de escritor, viajara al París de 1920, quedaría maravillado al poder contactar con Ernest Hemingway, con Cole Porter, o con otros grandes como Salvador Dalí, o Pablo Picasso. Con estas amistades cualquiera quisiera olvidar el tiempo pasado y seguir sus días en aquella idílica época.

Pero y si en ese mundo del París de principios del siglo XX, alguien lograra viajar a la Belle Époque, y visitar el Maxim´s, para encontrarse con Toulouse Lautrec, con Paul Gauguin, o sentarse a la mesa con Edgar Degas, pensaría que esa era la mejor época de París; pero – como las apariencias engañan – tal vez estos personajes quisieran vivir  en una era pasada, como el Renacimiento, al considerar que su propio tiempo no es importante.

Esta idea sobre la poca aceptación de nuestro presente y la añoranza por un tiempo mejor es el argumento de Woddy Allen en su reciente película “Medianoche en París”.

Entre otros actores aparecen Owen Wilson, como el escritor y guionista cinematográfico Gil Pender; Rachel McAdams  como Inez, prometida de Pender; Nina Arianda como Carol Bates, la esposa del pedante Paul Bates; Kathy Bates como la escritora Gertrude Stein; Adrien Brody  como Salvador Dalí;  Marion Cotillard como Adriana de Burdeos, amante de Modigliani, Braque, Picasso y Hemingway; Michael Sheen como el pedante intelectual Paul Bates; Corey Stoll  como el novelista Ernest Hemingway; Tom Hiddleston como el escritor F. Scott Fitzgerald y Sonia Rolland como la bailarina Josephine Baker.

La película cuenta el gran amor que siente un joven escritor por París, y la ilusión que tiene la gente de creer que una vida diferente a la suya sería mucho mejor.

Creer que existen tiempo pasados que fueron mejores es una constante en el ser humano. Ese pensar que el ahora, el presente, es un periodo perdido, aunque se vivan descubrimientos, hazañas y toda una serie de aventuras que superan con creces lo antecedido, no siempre es visto con perspectiva, y se piensa que lo anterior era mucho mejor.

La película, además de plantearnos este tema de la añoranza por el pasado, nos ofrece paisajes de París que atraen nuestras miradas, buenas actuaciones – por la posibilidad de conocer cómo pudieron ser escritores y artistas antes de ser famosos – además que la dirección de Woddy Allen hace que todo fluya sin imposiciones sino que una cosa lleva a otra, pero,  como dice el chiste aquel: Hay Más.

Épocas diferentes con una misma mirada

Quienes han tenido la oportunidad de vivir mucho tiempo en un lugar han sido testigos, e incluso protagonistas, de los cambios que experimentan las ciudades, grandes o pequeñas, y pueden recordar con nostalgia o ser presas de las alegrías por los cambios experimentados.

El Museo de Bellas Artes de Caracas, específicamente en la sala 12, se le ofrece al espectador la posibilidad de ver una ciudad, la capital de Argentina, con sus cambios y su modernización. No hay juicios de valores en la muestra “Buenos Aires dos miradas” de  Horacio Coppola y Facundo Zuviría, son solamente visones desde dos épocas diferentes.

Gráficas de los años 30 e imágenes que van de 1985 hasta 2005 son presentadas bajo los lentes de Coppola, quien plasma la modernidad y  vanguardia de la Buenos Aires de los años 30, mientras Zuviría muestra a una ciudad nostálgica que busca rescatar lo perdido en las décadas de los 80´s y 90´s.

Conformada por 100 fotografías, la muestra se podrá visitar hasta el próximo 19 de febrero y ofrece el trabajo de “dos cultores de la imagen directa. Como puristas de la fotografía rechazan todo artificio y con ello lo que pretenden es buscar en la trama urbana, la geografía y las coordenadas del azar, las imágenes que nos traen una Buenos Aires arquetípica, que nosotros todos reconocemos porque está en nuestro ADN y que seguramente las venezolanas y venezolanos van a poder apreciar”, indicó  Alicia Castro, embajadora argentina en Venezuela, durante la inauguración de la exhibición.

La exposición la abren las imágenes del puerto de Buenos Aires “que es por donde se entra a la ciudad” y luego hace un recorrido hacia la periferia, lejos del centro, por los diferentes barrios, palabra que “no tiene nada que ver con la connotación que se le da acá, no tiene implicaciones en cuanto a lo modesta o rica que sea la zona”, explicó Zuviría sobre el concepto de la muestra, y que lo reflejó en entrevista concedida a El Correo del Orinoco

En las fotografías de la exposición también hay fragmentos de la ciudad, con algunos edificios que son conocidos internacionalmente, terminando, como debe ser en una ciudad de Tangos y Milongas como Buenos aires, con fotografías de la ciudad de noche, aunque no con imágenes que son para turísticas, sino aquellas que están en la vida diaria de los “porteños”, como son mencionados los habitantes de la capital Argentina.

Pasado y presente se dan la mano

En esa entrevista en el Diario del Orinoco  Zuviría comenta que la actual exposición surgió a partir de una propuesta que le hiciera a Coppola en el 2005, “cuando este último cumplió 100 años. “Sentí una gran responsabilidad y miedo, porque hay que estar ahí, para mantener un diálogo con la fotografía de Coppola, que es una obra muy sobresaliente. Él fue muy generoso conmigo y yo creo que el producto es realmente interesante porque esta muestra conjuga la obra de un gran maestro, con una obra más contemporánea que es la mía. Me parece una cosa interesante poder ver el ayer y el hoy de Buenos Aires, en dos miradas muy especiales”. “Nunca estudié con él, pero con el tiempo me doy cuenta de que ha sido realmente mi maestro, nunca le he perdido de vista”, puntualizó.

No importan si vivimos en París en la Belle Époque, o en 1920 con sus grandes escritores, pintores, cineastas, o si estuvimos en la Argentina de los años 30. No importa si no conocemos más allá de nuestra zona de confort, de nuestro “terruño”, lo importante – y trascendental – es qué hacemos en nuestro tiempo, en la temporada que nos toca vivir. ¿La aprovechamos?, ¿Dejamos que la vida siga y nosotros la dejamos pasar?, o en realidad estamos acordes con nuestro momento y VIVIMOS lo que nos ofrece el aquí y el ahora.

La vida es una y todos los días sigue su camino, no importa si la acompañamos o no. Si no lo hemos hecho, aún estamos a tiempo para hacer que la vida tenga valor, aunque no necesariamente significa que debemos son héroes, artistas famosos, o pintores reconocidos, debemos ser – sencillamente – actores del día a día, porque como lo decía el filosofo del béisbol Lawrence Peter “Yogi” Berra   el juego “No se termina hasta que termina.”, así es la vida, o esa es mi Visión Particular.

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