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¿Qué agendas tienen los periodistas en los procesos electorales?

Decir que el 12 de febrero del 2012 se elige a un candidato único de la oposición para enfrentar al actual presidente de Venezuela es repetir más de lo mismo, es algo que está más que dicho.

Pensar que el aparato del Gobierno nacional, encabezado por Hugo Chávez, está al servicio de una sola parcialidad, y que abusa de su poder, es  – como diría Joaquín Sabina – llover sobre mojado.

Entonces, ahora que se acercan las elecciones primarias, ahora que Venezuela volverá a las urnas a depositar su voto, y esperemos que no sea votarlo, ¿Qué cosas podemos decir los periodistas?

Este tema de escribir sobre puntos que sean de interés a los lectores y se salgan de lo tradición a la hora de escribir sobre política, y creo que es válido para cualquier otro aspecto, es un punto de discusión permanente en la cátedra de Edición y Estilo II  que conduzco en la Universidad Santa María.

Lo primero que tenemos que tener claro los comunicadores sociales es  qué queremos transmitir a los lectores, escuchas o quienes nos ven por la televisión.

Para hablar de estos temas electorales, el Instituto Prensa y Sociedad (Ipys) de Venezuela organizó  el Taller “Investigación de temas electorales”, evento que se realizó  en Caracas el día viernes 20 de enero de 2012.

La periodista colombiana Catalina Lobo-Guerrero, editora del portal votebien.com, además de trabajar para la revista Semana y especializada en el área del periodismo de investigación, fue la encargada de aportar sus conocimientos en estos temas electorales y ofrecer visones para los periodistas locales.

Ewald Scharfenberg, director del Ipys Venezuela, explicó que lo detectado por el organismo que dirige  es que en los procesos electorales los periodistas y los medios dedican espacios a conocer los programas de gobierno de los candidatos, algo de su trayectoria, y los partidos que los apoyan. Dijo que algunos trabajos periodísticos hacen entrevistas o publican las declaraciones que los candidatos hacen y envían por medio de sus comandos de campaña.

Eso podría decirse que es, en líneas  generales, lo que hacen los periodistas venezolanos en estos episodios electorales.

Catalina Lobo-Guerrero comenzó haciendo  está pregunta: ¿Qué hacer? y la respuesta de ella, luego de algunas opiniones de los presentes, es que los periodistas debemos identificar los procesos que se están llevando a cabo en las regiones y plantearse las siguientes interrogantes: ¿Cuáles serán los temas clave en el próximo período?; ¿qué políticas del gobierno saliente merecen continuidad?; ¿qué representa cada uno de los candidatos: continuidad o ruptura?, etc.

Aunque las realidades políticas entre Colombia y Venezuela son distintas, aparentemente, hay puntos que pueden ser interesantes a la hora de “descubrir” una campaña electoral. Menciono  la palabra “descubrir”  y no cubrir, que es el término que generalmente se usa en el argot periodístico, por la explicación dada por  Lobo-Guerrero, quien señaló que un periodista debe revelar situaciones que normalmente están ocultas, y no debe quedarse únicamente con el material que ofrecen los comandos de campaña, o las ruedas de prensa.

El tema del financiamiento de las campañas electorales no es algo que se haga con rigurosidad en Venezuela, a diferencia de Colombia, donde es un tema de extrema importancia, a fin de evitar las influencias del narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares.

Sobre este punto, la periodista colombiana relató casos suscitados en las últimas elecciones parlamentarias de su país y como ejemplo contó que las investigaciones periodísticas determinaron que algunos candidatos recibieron recursos que sobrepasaban los montos permitidos por las leyes de esa nación. Para lograr esto, los inversionistas  se valían de empresas filiales para hacer los aportes sin que se violaran las normas, pero el dinero realmente era de un solo financista.

Recordó el caso del expresidente Ernesto Samper, conocido como el proceso 8.000, quien pasó parte de su gestión justificando el origen de los recursos se su campaña electoral, luego de las reiteradas denuncias y averiguaciones sobre el financiamiento de su campaña por parte de grupos ligados al narcotráfico, específicamente al cartel de los hermanos Orejuela.

Con este panorama, de lo que se ha hecho en Colombia y lo que se sigue haciendo, las opciones para los periodistas nacionales pueden ser muchas.

Por ejemplo, además del tema del financiamiento, que merece un apartado más adelante, estaría lo referido a los grupos de influencia detrás de los candidatos, aquellos que no solamente aportan recursos en efectivo, sino que ofrecen aviones, barcos, movilización logística y otros intangibles, pago de material POP, afiches y que luego pasarán factura a la hora que el candidato resulte triunfador y asuma el gobierno, sea local, regional, o nacional.

Para lograr descubrir estas conexiones Catalina Lobo-Guerrero sugiere hacer labor de investigación, convertirse en ratón de los registros mercantiles, para conocer quiénes están detrás de las empresas que financian campañas, sea de la oposición o del Gobierno.

Se dice fácil… pero

Aunque Lobo-Guerrero insiste en la necesidad que el periodista tenga su agenda propia en estos temas y Ewald Scharfenberg haya recordado la tarea que tenemos los periodistas de investigar ambos sectores de una contienda electoral, más en el caso específico de Venezuela, donde posiblemente los dos candidatos a la Presidencia sean gobierno,  uno que buscará la reelección y el otro que vendrá del ámbito del poder regional, la tarea no es fácil y hay que explicar a qué obedece esto.

Para esto haré mención de otro periodista que también hizo su aporte en este taller.

Eugenio Martínez, licenciado  en Comunicación Social, reportero del diario El Universal, asignado a la fuente electoral y especialista en Desarrollo Organizacional, hizo un extenso análisis sobre el financiamiento de los partidos políticos en América Latina, y lo que sucede en Venezuela.

Como preámbulo, Martínez indicó que en países como Argentina, Bolivia. Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay, por citar algunos, existen leyes electorales que permiten el financiamiento de los partidos políticos, sea de manera directa con aportes oficiales, o a través de financiamiento indirecto. En contra partida, Venezuela desde el año 19999 suspendió todo aporte  del Estado a los partidos políticos. Antes de esa fecha había toda una legislación que permitía  – de acuerdo a los resultados de las elecciones anteriores – a los partidos políticos recibir recursos para el financiamiento de sus organizaciones y de sus campañas.

Por eso es que el periodista señaló que el tema de quién financia las campañas es un tabú tanto para los comunicadores, como para ciudadanos, pues existe el miedo de que si se revelan las fuentes de financiación, sobre todo de la oposición, el gobierno tome represalias expropiando sus empresas. La norma electoral en Venezuela prohíbe al Estado financiar las campañas. Sin embargo, en estas y en anteriores elecciones, los carros e instalaciones oficiales fueron utilizados para hacer campaña, tanto por los candidatos del PSUV como de la oposición.

Por otra parte, los periodistas conocen el intento frustrado de Carlos Subero, uno de los veteranos del cubrimiento electoral en Venezuela, quien presentó un amparo constitucional desde 2008 para poder revisar los libros contables de los partidos y averiguar quiénes financiaban las campañas políticas. Hasta hoy Subero no ha recibido una respuesta completa.

Martínez dijo que solamente 27 países de todo el globo niegan el financiamiento a los partidos políticos. Entre estas naciones están, además de Venezuela,  Bahamas, Bielorrusia, Fiji, Ghana, Jordania, Pakistán, Samoa, Sierra leona, Uganda y Zambia, entre otras.

Dentro de este análisis electoral hecho por Eugenio Martínez también hizo mención al dinero que oficialmente han declarado algunos de los candidatos que se han opuesto a Hugo Chávez en las elecciones. Indicó que en 1998 el candidato de AD, Luis Alfaro Ucero, o su comando, declaró una inversión en la campaña de unos 9.8 millones de dólares, mientras que Henrique Salas Römer informó que gastaron 7,8 millones de dólares. En el año 2000, Francisco Arias Cárdenas, declaró que gastó en su aspiración presidencial unos 3,5 millones de dólares, mientras que para el 2006, Manuel Rosales destinó 2,6 millones de dólares en su campaña. La disminución de las cantidades en dólares no supone que se redujo la inversión, sino que obedece a la fluctuación de la moneda norteamericana con respecto al Bolívar.

Por otra parte, las cifras oficiales entregadas al CNE por los comandos de Campaña de Hugo Chávez expresan que las inversiones monetarias han sido de  423.383 dólares en 1998, cifra que subió a 2.492.318 dólares en el 2000, y a 9.767.441 dólares para el año 2006.

De estas cifras, y del estudio realizado por algunos periodistas, según lo comentado por Martínez, se concluyó que lo declarado como montos invertidos en las campañas no es acorde a lo que en la práctica se vio en cada elección, tomando en cuenta los costos del minuto en televisión y el centimentaje en publicidad de medios impresos, eso sin contar todo el gasto que siempre se hace en franelas, vallas, material POP, que difícilmente se puede cuantificar, ya que mucho de eso se paga directamente desde los fondos de los inversionistas. En el caso de la campaña del oficialismo, no se tomaron en cuenta los recursos para las Misiones, que también son utilizadas como proselitismo, los costos de “Aló Presidente”, ni otros dineros provenientes de las arcas públicas.

¿Y qué hacer?

El panorama para los periodistas interesados en la investigación política  no es color de rosa, muy por el contrario, plantear trabajos de profundidad que toquen los intereses de un sector o del otro no es fácil, ya que los jefes de redacción, de información y los propios directivos de los medios no querrán darle herramientas al oficialismo para que ataquen a los inversionistas de la oposición, que en algunos casos pudiera tratarse de los propios medios de comunicación. y el sector del Gobierno tampoco estará dispuesto a revelar sus fuentes de financiamiento.

Lobo-Guerrero sugiere algunos puntos a la hora de descubrir las campañas políticas y estos aspectos tienen que ver con 1. Pedir información a los candidatos sobre los aportes recibidos y la lista de los que invierten; 2. Pedir un derecho de información en el CNE; 3. Solicitar información al opositor; 4. Solicitar información a compañías, gremios, industriales, empresarios; 5. Solicitar información  a los bancos sobre préstamos; 6.Financiamiento informal, estar atento a los gastos en transporte, llegadas de personajes con maletines a los comandos de campaña.

También es importante, de acuerdo a  la recomendación de Catalina Lobo-Guerrero, buscar el acceso a la información referida al transporte utilizado por los candidatos, o la movilización de los electores; contar con información de tarifas de agencias de publicidad, sobre los costos en medios de televisión, radio, vallas. Conocer los lugares donde están ubicadas las sedes de los comandos, de los partidos, porque eso puede revelar datos de quienes están apoyando una campaña, e igualmente, estar atentos a todos los comentarios sobre manejos ilegales de recursos como cobro de comisiones, en el caso de empresas que tienen relación con el Estado.

Aún así la tarea está para ser tomada, puede darse el caso como el que refleja la trilogía de la película Millennium, basada en los libros del escritor fallecido Stieg Larsson y ahora con versión estadounidense, que refleja el poder que ejerce un empresario contra una revista en Suecia, llamada Millennium,  sobre la que recae todo el peso de la Ley por una presunta difamación, algo que en Venezuela ha sucedido.

Basta con recordar el caso de Leocenis García, director del semanario 6to Poder, quien fue detenido luego que la publicación pusiera en su foto de portada un montaje con las damas que más poder tienen en el Gobierno, y sus instituciones aliadas, aunque deberían ser independientes,  vestidas como bailarinas de cabaret.

Realidad y ficción se dan la mano a la hora de intentar someter al periodismo, que lo logren depende de los propios comunicadores sociales, y de las empresas donde laboran. La tarea no es fácil para descubrir lo que otros quieren cubrir, pero alguien tiene que hacer el trabajo, porque como afirma Catalina Lobo-Guerrero, en la página 9 de su trabajo VENEZUELA: LA PRENSA SITIADA EN UNA DEMOCRACIA DE OPINIÓN, realizado para el Centro de Competencia en Comunicación para América Latina, “un número significativo de periodistas y un número cada vez mayor de ciudadanos, han vuelto a creer en la necesidad de que en Venezuela se practique el periodismo equilibrado e independiente”.

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