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Cuidado con caer en la lengua de las “Señoras de Maracaibo”

PhotobucketPodrían ser la madre de uno, una abuela, una tía, la vecina beata o cualquiera señora que uno encuentra en la calle, porque eso sí, ellas son todas unas Señoras de Maracaibo.

Pero puertas adentro, esas cinco mujeres se transforman, para dicha y disfrute del espectador, en todo un conglomerado del gentilicio marabino, con su jerga, su idiosincrasia y ese sabor propio de los  nacidos en esa zona de Venezuela, o como dicen ellos en la capital de la república independiente del Zulia.Photobucket

En un montaje con el más puro travestismo teatral criollo, Ricardo Lugo, Henry Semprún, Carlos Guevara, José Bermúdez y José Molero reviven los recuerdos mujeres que fueron sus referencias para reinterpretarlas en la escena, como un homenaje a los olores de las casa de los abuelos y abuelas propios de Maracaibo.Photobucket

El montaje de Señoras de Maracaibo, presentado en el marco del Festival Internacional de Teatro de Caracas es una muestra de lo que se está haciendo más allá de la dramaturgia capitalina y que pocas veces  se ve por estos lares.

Recordando lo que fue la Sociedad Dramática de Aficionados, toda una institución sobre las tablas para el país, el Grupo Fundrama aporta a la dramaturgia nacional la oralidad y el arte corpóreo de la mujer marabina de las barriadas, y las sitúa en los años 60 y 70  para rescatar el costumbrismo y retratar, a la vez que lo rescata, ese gentilicio que para muchos es cosa del pasado y que deben mantenerse.

Esta memoria de uno de los pueblos venezolanos subió a escena en el teatro César Rengifo de Petare, para que Dalia, Marucha, Mística, Guillermina y la “China” Contreras, luego de rezar nos hablen de lo que les pasa, de cómo viven y padecen y que las hace felices.Photobucket

Para hablar de “Señoras de Maracaibo” uno debe conocer a sus protagonistas, que en monólogos, nos cuentan esas cosas propias de la Maracaibo de los años 70, pero sin dejar de tener vigencia hoy en día, lo que lo hace más simpático y logra la empatía con el público.

De entrada lo que vemos en escena es un sofá color naranja, con unos sencillos muebles, escena que demuestra la sencillez de quienes habitan en esa casa, lo importante no está en la escenografía, sino en quienes nos van a contar, como trovadores, lo que es la vida de cada una de las protagonistas.

Son cinco hombres en papeles de mujeres, pero con el respeto de haber sido creados los personajes tomando como referencia seres queridos para cada uno de ellos y como un homenaje a Homero Montes y Fernando Perdomo.

Los refranes y las tradicionales frases populares del Zulia están en boca de los actores que demuestran que cualquier situación, por más dramática que sea, siempre tiene su lado jocoso, si viene de la mano de un marabino.

El vestuario es funcional y permite ver en los detalles las características más representativas de cada una de estas “Señoras”.

Como es muy difícil explicar quienes son estas cinco representaciones de la mujer marabina, acompaño con un breve video, cada una de las actuaciones.

No me gusta el chisme…pero lo sé todo

PhotobucketDalia, interpretada por Ricardo Lugo, es una señora grande, entrada en carnes…  robusta pues. Ella está en su casa haciendo las labores del hogar, pantuflas en los pies, y mientras barre la sala tararea una canción. Repica su teléfono y comienza una conversación con una vecina, de esas que no saben nada de lo que sucede en el barrio pero quieren conocer los detalles. Dalia regaña a sus hijos a gritos desde la sala: “Sacáte la caraota de la nariz porque después te crece una mata”. “Si los nervios se operaran ya se me hubieran ido los puntos…”. Y mientras le va contando a la vecina los pormenores de lo que sucede en la vecindad, ella recalca que la que está al otro lado del teléfono si le gusta meterse en la vida de los demás, no como ella, que lo sabe todo al “dedillo”, pero no le gusta estar contando nada… menos mal.Photobucket

A lo largo del monólogo, Dalia logra que el público se identifique con el lenguaje maracucho que caracteriza al personaje, que tras largo rato al teléfono con la vecina, decide que tiene que seguir sus labores, pero antes y como buena cristiana, debe “rezar”, mientras sale de escena.

Ricardo Lugo dijo que su personaje “Dalia”, fue inspirado en varias anécdotas de su familia, “me las contó mi madre y hoy se pueden interpretar de forma jocosa, a lo mejor en ese tiempo tuvieron otro sentido. La esencia del personaje es la unión de historias familiares. Es la primera vez que interpreto a una mujer y también es la primera vez que escribo una pieza de teatro”.

Educada para ser reina pero sirvienta de la familia

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Guillermina es de las mujeres que nunca les faltó nada cuando son jóvenes, esas que fueron criadas para ser reina, y casarse con lo que se conoce como el “mejor partido”.Photobucket

Con un velo, que la hace ver como una mujer religiosa, Guillermina, en la piel de Carlos Guevara, está arreglada como llegando de la calle, aunque hay que reconocer que el buen gusto no estuvo en la repartición de dones para la Señora.

PhotobucketLamenta su suerte,  porque después que sus padres le dieron todas las comodidades hoy se siente la mujer de servicio en su propia casa  Ella, que no tiene pelos en la lengua, como ninguna de estas Señoras de Maracaibo, le cuenta al público vida, como si nos conociera de toda la vida, y relata la manera que cambiaron sus refinados modales, “sabía utilizar los 16 cubiertos de la mesa y distinguir el vino tinto y el blanco” todo después de después de haber aprendido a decir la palabra “verga” y de lo insignificante que se siente para su esposo y sus hijos. Sin embargo, está orgullosa de sentirse la más cristiana de todas a pesar que desde la infancia la llaman “santurrona”. Sigue al lado de su esposo Osorio porque lo quiere, aunque él prefiera jugar caballos y la haya sacado de su casa de La Florida para llevarla hasta el barrio Santa Teresita a pasar calamidades. Al final del monólogo recuerda la importancia de la oración, y como buena cristiana sale de escena rezando.

“Guillermina Vilchez de Osorio”, es para Carlos Guevara, el reflejo de “la información de la calle, me basé en la literatura oral que se transmite de generación en generación. Guillermina es una señora que vivió con muchas posibilidades económicas, pero termina siendo la sirvienta de su casa. La obra también es un homenaje a las mujeres maracuchas que levantan sus hogares”.

A Marucha la cambiaron por una meretriz

PhotobucketA toda carrera entra a la escena Marucha Boscán, escandalizada y huyendo de la música que ella llama “del ros”. Es que ella no entiende ese del rock que le “le resulta intolerable, mientras le ordena, eso sí,   a gritos, a su hija que quite la música mientras se unta Vick Vaporub en la frente y el cuello.

No es que Marucha Boscán odie la música, todo lo contrario, pero hay música de música, por eso recuerda  sus experiencias en El Naiguatá, El Catirito y El Club Alianza, lugares donde se bailaba al ritmo de la Billo’s.Photobucket

Con la picardía propia de la mujer que sabe que ha hecho mal, pero que sabe que “a un buen gusto un buen susto” narra la vez que se escapó en la madrugada y ganó un concurso de baile que casi le cuesta una lluvia de correazos.

Cuenta en intimidad que ella  huyó con el padre de sus hijos, Antonio Semprún, para una casa alquilada cerca de la Plaza el Buen Maestro. Tuvo nueve hijos y su “marido”, porque nunca se casaron, la abandonó por una prostituta  del bar El 13 Rojo, con  quien sí casó y hasta le compró una casa. Al final, él regresó, pero ella se armó de valor y lo botó a “manguerazos”. Ahora está sola, pero sus recuerdos siempre la acompañarán, así como la música incesante del “ros” que escucha la hija, por ello decide seguir rezando, mientras sale de escena.Photobucket

Henry Semprún como “Marucha Boscán” cuenta que “por primera vez después de muchos años volví a actuar y decidí que el personaje a interpretar sería mi madre. Mi mamá es una señora de Maracaibo. El guión que escribí es basado en su vida y el personaje es un poco explosivo. Quisimos registrar esa historia local de la mujer y de la señora maracucha popular bajo la dirección de Richard Olivero”.

La Zulianita y yoPhotobucket

Entrando en escena, con maleta grande y una pequeña de mano, hace su aparición “La China” Contreras, que viene a visitar a su amiga Dalia antes de marcharse a la capital, porque “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa”, le regaló el pasaje a la capital para que asista a Sábado Sensacional y vea a Amador Bendayan, a Miriam Ochoa, y hasta a “Foco fijo”. Si desconocen estos nombres se nota que son menores de 40 años.Photobucket

Ella es la personificación de la exageración propia de los marabinos, no sé si cierta o mala fama ganada por ellos, pero lo demuestra en cada parlamento, como al recordar el momento del nacimiento de “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa”, momento en que estuvo atendida por miles de médicos, cientos de enfermeras graduadas y estudiantes, momento que también estuvo acompañándola José Gregorio Hernández y la propia “Chinita” de Maracaibo, que la llevó a un jardín y le dijo que no se preocupara que todo saldría bien.Photobucket

“La China” Contreras nos cuenta en su monólogo que  “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa” la quiere mucho y le regaló el juego de maletas que lleva para este viaje, pero también nos dice que “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa” es tan esplendido que cuando hace mercado no se detiene en nada y le lleva 750 kilos de morcilla, 2.500 kilos de carne, miles de kilos de otras menudencias alimentarias, todo con una seriedad que cualquiera le creería.Photobucket

Ella se siente como Lupita Ferrer, cuando interpretó “La Zulianita”,  por las atenciones de “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa” y sabe que cuando esté en Caracas será el centro de las miradas y atenciones por su figura y su “encanto” de voz que va desde los tonos agudos a los bajos, dependiendo del grado de la exageración que esté contando en ese momento. Al no encontrar a nadie en la casa de su amiga Dalia se da cuenta de la hora y que “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa” la está esperando fuera por lo que antes de marcharse a Caracas decide “echar una rezadita”, mientras sale de escena.

José Molero, “La China” Contreras,  indicó que su creación es “es un homenaje a las féminas maracuchas. Ellas son el centro de la familia, son lo más importante”.

Será muda pero se hace entenderPhotobucket

La quinta Señora de Maracaibo que sube a las tablas es “Mística”, ella es una muda, con una historia que tampoco escapa de la tragi – comedia.

De pocas palabras y muchos gestos, “Mística” explica que el marido, a quien le parió 4 muchachos, y  trabajaba en una petrolera, le dijo un día  “que iba a comprar cigarros” y más nunca volvió.Photobucket

Con señas y pronunciando algunas palabras específica relata que fue muy hermosa de joven y llegó a tener  muchos novios. Trabajó en la Coca-Cola hasta que se casó de velo y corona. Al verse abandonada por su esposó, regresó caminando, desde Cabimas, con sus cuatro hijos.  Llegó a casa de su amiga Marucha, porque sabía que no tenía esposo, y levantó a sus hijos con trabajo duro.

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Sobre sus hijos, dos hembras y dos varones, relata que uno de los hombres está preso, mientras el otro es peluquero, lo que a ella le agrada porque tiene quien la mantenga bonita y su hijo tiene un novio, un muchacho del que su mamá siempre dice: “Fito, mi hijo, Muchachachaaaaaa”

“Mística” usa su desgracia como anécdota para contar lo que hacen las mujeres cuando deben criar solas a sus hijos. Al igual que el resto se despide rezando y saliendo de escena.Photobucket

José Bermúdez explicó que “Mística” es una señora muda y “por la necesidad de la palabra y de texto recurro al lenguaje de los signos y símbolos. El personaje está basado en algunas anécdotas de la vida real, como es el caso del esposo que dice que comprará cigarros y abandona a la mujer, esa es la historia de una amiga. Elegí que mi personaje fuera mudo por la jocosidad que eso genera”.

La única pata coja del montaje estaría en el final, que termina de manera abrupto, sin que se concrete el reencuentro de las amigas, como al inicio, cuando están rezando, este simple hecho apoyaría el final del espectáculo, porque sería  el público sabría que se llegó al final, de otra manera sucede, como pasó en la presentación en Petare, que solamente porque cerraron el telón los espectadores supieron que había finalizado la representación.

Homenaje a íconos en el teatro zulianoPhotobucket

Richard Olivero, el director de Señoras de Maracaibo, comentó que todo esto se inició por una invitación de Fundrama (Fundación para el Desarrollo de la Dramaturgia Regional) para homenajear a Homero Montes y Fernando Perdomo (fallecido) quienes fueron unos íconos en el teatro zuliano. “Ellos interpretaron unos personajes muy arquetípicos de la mujer maracucha. Es un homenaje a estos dos actores”.Photobucket

Homero Montes ha sido  actor, escenógrafo, promotor y director, en agrupaciones como el grupo “Sábado” fundado y dirigido por la profesora Inés Laredo en 1948, con la que inició su actividad teatral en 1950;  fundó y dirigió el Teatro Experimental de LUZ en 1968; y en el año 1977 fundó junto a su compañero y amigo Enrique León,  la Sociedad Dramática de Aficionados, a la que posteriormente llaman definitivamente Sociedad Dramática de Maracaibo, y en la cual desarrolla junto a Enrique León y otros artistas del teatro de la ciudad, una acción de gran relevancia y  trascendencia  para el teatro regional, nacional e internacional.

Fernando Perdomo, actor, escenógrafo, bailarín, docente, escritor y promotor cultural realizó sus estudios en la Escuela de Artes Escénicas de la Universidad del Zulia y en la Academia de Danzas Sonja Koster. Posteriormente, marchó a Nueva York donde estudió técnica de actuación y danza contemporánea con Rolf Schare; más tarde trabajó por dos años con el Laboratorio Teatral de Madrid. Fue profesor de expresión corporal de la Escuela de Teatro Inés Laredo y docente del Instituto Zuliano de la Cultura Andrés Eloy Blanco. Excelente intérprete del personaje “Mariíta Carrasquero”, que llevó también a la narrativa, obra con la cual obtuvo el primer premio de temática zuliana en el I Concurso de Cuentos del Bicentenario de Urdaneta. Se le otorgaron diversos reconocimientos entre ellos, el Mara de Oro en dos ocasiones como Revelación del Año (1968) y Promotor Cultural del Año (1980), así como el segundo lugar de actuación en el I Festival de Teatro Latinoamericano de Nueva York (1970). Finalmente residió por ocho años en Nueva York donde falleció.

En el interior de Venezuela también se hace buen teatro, lamentablemente en Caracas no se logra ver siempre lo que sucede en otras partes del país, será por aquello del refrán: “Caracas es capital y lo demás es monte y culebra”, ojalá eso no sea cierto, porque nos estamos perdiendo de mucho, o esa es mi Visión Particular.

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