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“Cabrujas era un Malandro”

Sé que al leer este título, me habré ganado la enemistad de muchos, y unos cuantos recordatorios a mi santa madre, pero…Ah que siempre hay un pero… permítanme el beneficio de la duda y  acompáñenme mientras explicó porque digo esto.Photobucket

De entrada he de decir que la frase no es mía, yo simplemente soy portador del relato que hiciera en su momento Ibsen Martínez, quien es el dueño – y con derecho – de esta polémica expresión sobre el “Maestro” – jamás podré escribirlo en minúscula – José Ignacio Cabrujas.

PhotobucketEn ocasión de la presentación de los libros “Obra Dramática” y “José Ignacio habla y escribe” que se llevó a cabo hace unas semanas en la 4ta Feria de la lectura Chacao 2012 se organizó una tertulia donde estuvieron Leonardo Azparren Giménez, responsable de la compilación que integran los libros mencionados,  Alberto Barrera Tyszka,   Alonso Moleiro e Ibsen Martinez.Photobucket

Aquí haré un paréntesis para explicar que “Obra Dramática” reúne en tres tomos unas 24 obras de teatro escritas por José Ignacio Cabrujas (1937-1995), mientras que “José Ignacio habla y escribe”, recoge en dos tomos una serie de escritos, conversaciones y textos del “Maestro”, además de entrevistas y artículos publicados en la prensa nacional, y revistas especializadas en las que se destacan dos  conversaciones realizadas porPhotobucket José Monleón, director de la revista Primer Acto de España.

Esta compilación fue realizada por Leonardo Azparren Giménez, con la asistencia de Gloria Soares de Ponte para la investigación, y agrupa todo lo escrito sobre José Ignacio Cabrujas desde 1972 en adelante.Photobucket

Volviendo al tema que puede haber levantado suspicacias en los lectores, mientras caía una ligera lluvia en la Feria y se esperaba que llegara Azparren Giménez al sitio, Alberto Barrera  lanzó una pregunta – como quien no quiere la cosa – y dijo: ¿Existe el mito Cabrujas?, claro que él sabía la respuesta porque  explicó que esa pregunta se la hizo Elizabeth Araujo, cuando el escritor cumplió los 50 años, y contestó esa pregunta diciendo: “Mi orgullo sería, si en verdad se creara un mito alrededor de mí, que se dijera que nadie me atrapó”.

Esas palabras ya reflejaban algo de la personalidad de Cabrujas.  Pero luego, IbsenPhotobucketMartínez tomó la palabra y contó que siendo secretario de Teodoro Petkoff,  José Ignacio Cabrujas lo invitó a hacer una telenovela en conjunto y el primer día de trabajo fue un 20 de octubre – cuando Martínez cumplía los  24  años – y la primera lección que aprendió, en 1976,  fue “como entenderse con los ejecutivos de Radio Caracas Televisión”.   “En esa época lo que se hacía eran adaptaciones literarias. Pero José Ignacio estaba  harto de las adaptaciones de Gallegos y les iba a proponer a los ejecutivo cubanos hacer una adaptación de Campeones, la novela de Guillermo Meneses”.

Con detalles relató cómo fue esa reunión, el poder de convencimiento de Cabrujas y su dominio de la palabra, con lo que los cubanos quedaron convePhotobucketncidos, pero como dice el chiste del gato y el canario… Hay Más. Resulta, según contó, que ni él ni Cabrujas habían leído la novela.

Cabrujas terminó por desechar la novela – luego de leerla –   conservando únicamente el título y los personajes principales, pero escribiendo junto a Martínez toda una nueva obra, por eso es que dijo que se sintió emocionado de trabajar con el “Maestro” porque, cumpliendo 24 años, tenía “chamba bien pagada”  y “mi jefe no es un tipo engreido, es  malandro, o sea un tipo que le mete coba a los cubanos”.Photobucket

Ese relato contado con esos detalles solamente pueden generar un mayor respeto y admiración por un hombre de letras, que pese a ser una referencia cultural de su época, era también un ser sensible, que gustaba de  la música clásica, principalmente la ópera, pero también era buen cocinero, que según contó Claudio Nazoa, en una tertulia sobre Cabrujas en la Guayaba Verde,  la especialidad del escritor era la pasta, que además le servía de método de relajación.

Leyendas simples que hacen el mito

Son muchas las anécdotas escuchadas sobre la personalidad de José Ignacio Cabrujas, más allá de su genio al escribir para la televisión, el cine, el teatro, o en sus  escritos, textos que aparecían en su columna “El País según Cabrujas”.Photobucket

Leonardo Azparren Giménez, compilador de estos tomos sobre la obra de Cabrujas, contó en ese conversatorio que nunca fue su amigo, por aquello de que las relaciones de un crítico con un creador no son, ni deben ser, buenas, porque si son amenas levanta sospechas y en “más de una ocasión ni nos saludamos como corresponde entre un creador y un crítico”. Reconoció su error al redactar su visión sobre el estreno de “El Día que Me quieras”, obra que consideró  mala y por ello Cabrujas estuvo varios años sin saludarlo, hasta que el crítico asumió en qué se había equivocado con respecto a esa pieza de teatro.Photobucket

Por otra parte, en un homenaje a Isaac Chocrón que se efectuó en el Universidad Central de Venezuela, Román Chalbaud – uno de sus amigos –  que lo conoció por más de 50 años,  atacó el consumo del cigarrillo, que de alguna manera se llevó tanto a Chocrón como a José Ignacio Cabrujas.

Contó Chalbaud que durante una representación de la obra “La Revolución” de Issac Chacrón que se realizó en Barcelona, España, con entradas agotadas, la única función que realizarían debió suspenderse en el segundo acto porque José Ignacio Cabrujas, uno de los actores de la pieza,  no pudo seguir hablando – se quedó afónico – y se tuvo que bajar el telón, con la consecuente devolución del importe que pagaron los espectadores por ver una obra que no llegó a feliz término.Photobucket

La razón de este triste final en España obedeció a  la continúa “fumadera” de Cabrujas, lo que para Chalbaud fue la verdadera causa de su muerte.  Esa experiencia, según dijo Chalbaud, provocó que fuera la última vez que Cabrujas hizo de actor.

Hablar de Cabrujas podría tomar mucho espacio, y tiempo, principalmente porque son muchas las fuentes y comentarios consultados, aunque siempre señalo que no lo conocí  ni fui su alumno, pero como caraqueño me siento en deuda por su creatividad y el legado de obras que dejó.

Una de estas consultas es ofrecida por Isabel Palacios, su tercera esposa, al momento de trasladar los restos mortales del “Maestro” desde Margarita hasta Caracas y el título no podía otro que “Un final Cabrujiano”

Desde el más allá … como Rashōmon

Por esas cosas del destino, a veces la vida se conjuga para que las cosas fluyan y se encuentren.  Lo digo porque en días reciente la actriz Virginia Urdaneta me envió un texto escrito por Cabrujas, que luego de leerlo sentí que era conmigo la cosa, que eso que decía era para que yo cerrara este pequeño recopilatorio de sentimientos de quienes lo conocieron.

Por eso titulo esta sección como la película japonesa,  porque al igual que en la cinta, donde el marido asesinado ofrece su versión de los hechos, el texto que me enviaron ofrece una visión hecha por Cabrujas de sí mismo y de su época.Photobucket

“Yo estaba esa tarde viendo televisión en la cama. De repente un extra noticioso anunció que acababa de fallecer Rómulo Betancourt, quien me había botado de mi trabajo, me había perseguido, me había hecho la vida imposible. Un hombre que odiaba. Y empecé a llorar. Mi esposa no lo podía creer, estaba preocupada, pero como era húngara y, por tanto, pragmática, me dijo: “¿Por qué no te das un baño?” Me metí bajo la ducha y allí lloré otras horas. Ya en la noche me di una explicación: tú lloras, me dije, porque se te fue pa’l carajo un tipo que asumió la vida, que te tomó en serio, un tipo que se te enfrentó y nunca te mintió, que te quiso hacer daño y te lo dijo de frente, y que tenía pasión para vivir. Esa noche sentí que yo tenía un amor excesivo por esta vaina, que yo amaba este país, esta cosa, o esta vida mía, o este paisaje, o esta gente, o lo que me había tocado vivir… Toda mi vida yo la amaba. Hasta me perdoné Catia, me perdoné la plaza, me perdoné mis amigos, me perdoné todo. Porque había muerto Betancourt, un ser que había vivido en función de esto, sudaba, metía la pata, hacía cochinadas… pero en función de esto. Creo que a partir de ese momento empecé a dividir a la gente entre aquellos que viven por pasión y aquellos que no la tienen. Y Catia la tenía. Catia era un lugar salvaje y ritual”.

Catia (según Cabrujas)

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Cabrujas fue Caracas, fue un país, una referencia, sus libros son tomados como oráculos por quienes conocen lo que fue su obra y la consultan, se hacen tesis, trabajos, monografías y todos reconocen que Cabrujas  está presente, con sus ideas, sus pensamientos… pero, como escribí alguna vez… Cabrujas, ¡que falta haces!, o esa es mi Visión Particular.

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