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Cabrujas en cuatro tiempos

Hacer una semblanza de José Ignacio Cabrujas es un trabajo si se quiere “titánico” porque es mucho lo que se ha dicho, escrito y contado del “MAESTRO”, en mayúscula siempre, por lo que no pretendo descubrir el “agua tibia”, simplemente quiero exponer mi “Visión” luego del homenaje que el 17 de julio se le rindió, al cumplir sus 75 años, en la sala que desde hace 6 años lleva su nombre, por iniciativa de la alcaldía de Chacao, espéctáculo que fue concebido por Yoyiana Ahumada Licea, donde además intervienen Joana González, Stela Guerrero, Linsabel Noguera y  la propia Ahumada, mientras que  Gabriela Piñero, fue la autora de un video que más adelante comentaré.

 Tiempo I – Nacimiento –

PhotobucketCorre el año 1937 y en una casa de la Caracas de esa época se escucha la radio donde estaban transmitiendo “El Hijo Pródigo de Catia”, una radio novela con las voces de María Cristina Lozada, Eulalia Siso y  Hernán Marcano. Esta historia cuenta el nacimiento de un niño que nació en el hogar de los Cabrujas y que estaba  destinado a ser alguien “grande” en la historia de Venezuela, porque así lo decretó su madre, Matilde Lofiego, ya que era un niño nacido en Democracia, un 17 de julio de ese año, luego de la muerte del general Juan Vicente Gómez y  en los tiempos del general Eleazar López Contreras.Photobucket

José Ramón, el padre de aquella criatura   – al que llamarían José Ignacio – dijo que su primogénito estudiaría en el mejor colegio de la época: el “San Ignacio de Loyola”, ubicado para ese entonces en  la esquina de Mijares, en los edificios donde funcionaron el Hotel Caracas y el Hotel París. Para ese entonces la población estudiantil era de 120 alumnos. En 1924 se extendió hasta la esquina de Jesuitas, ocupando la casa del presidente Andueza Palacios.Photobucket

¿El dinero?, no importaba, porque para lograr ese cometido, el padre orgulloso estaba dispuesto a “doblarse el lomo” para lograr que los políticos gordos entraran en los trajes que él les confeccionaría.

Como parte de las leyendas urbanas que se tejen sobre algunos personajes, una tiene que ver con el apellido original de los «Cabruja», así sin S,  y que fue cambiado por el ahora conocido “Cabrujas” durante su paso por el Teatro Universitario (TU), “la confusión surge por parte de un periodista que publicó una nota sobre la actuación de Cabrujas en el TU, agregando la «S». Al parecer al joven actor le agradó y decidió seguir usando la «S», por lo que pasó a ser conocido como «José Ignacio Cabrujas»”.Photobucket

José Ignacio Cabrujas trascurrió su niñez, a partir de los tres o cuatro años,  entre su formación diaria en Catia, en la plaza “Pérez Bonalde”, junto a Jacobo Borges, y la educación de los jesuitas.  Se dice que “era un niño miope, de anteojos espesos, pelo rizo, muy tímido, con una gran imaginación, que convivía con las putas que se exhibían frente a los  bares, bajo la luz de bombillos violetas, con peloteros bebedores de cerveza, cinéfilos, mecánicos, timadores y músicos de la calle. Pero en contraste con esa realidad que vivía en la puerta de Caracas, estudiaba en el mejor colegio de la capital, al lado de los hijos de aristócratas como su compañero Henry Lord Boulton”.

Su vocación, la descubrió leyendo “Los Miserables” de Víctor Hugo; entre llantos declaró su amor a ese oficio de escritor, a la posibilidad de conmover a través de la prosa.  Se dijo: “Esto es lo que yo quiero hacer en la vida; que estas letras, estas páginas, me hayan producido toda esta emoción es un milagro; yo quiero formar parte de ese milagro”, de acuerdo al libro “Catia en Tres Voces” de Milagro Socorro (1994) (p. 79).Photobucket

“Mis padres me llevaron a Catia. Primero, porque mi madrina, Francisca Calcaño, era una mujer muy religiosa y pertenecía a una cofradía de laicos muy adheridos a una estructura eclesiástica. Mi padre era también un hombre absolutamente católico, no solo por convicción sino también por militancia, por pasión; entonces, cuando yo nací –en una familia pobre, mi padre era un sastre y no tenía casa sino que vivía en una alquilada–, la señora Calcaño me regaló un terreno en Catia, en la calle Argentina, entre quinta y sexta avenida”, recordaría en un artículo titulado Catia (según Cabrujas), que fue publicado en “José Ignacio Cabrujas habla y escribe” de Editorial Equinoccio.Photobucket

“Yo tengo muchos recuerdos de haber presenciado en mi infancia la demolición de edificios como el Hotel Majestic, donde llegó Gardel; la casa donde se creía que había nacido Andrés Bello –y que para mí es la casa donde nació Andrés Bello, así el dato no sea histórico–; el Colegio Chávez, que era la mejor expresión de un cierto barroco pomposo, un poco peruano incluso, una casona muy llamativa con pórtico de inspiración churrigueresca muy complicado, y yo vi cómo la bola los desbarató. Pero los que éramos testigos de esto no lo lamentábamos, más aún, lo veíamos con gran regocijo, observábamos la caída del Hotel Majestic –que hoy entiendo que era muy bello, pero que entonces lo veía como un trasto– e interpretábamos que aquello se hacía en aras de una modernidad que iba a suceder a las edificaciones viejas, y de un confort que todos buscábamos, algo donde pudiéramos caber”.Photobucket

De aquellos años vividos en Catia, Cabrujas guardaba un sentido afecto porque recordaba que  “en mis primeros recuerdos, de seis o siete años, Catia era como campestre, la calle todavía era de tierra, iluminada con unos postes que daban una luz mortecina, muy provinciana. Los alrededores eran todos pastizales y a quinientos metros de mi casa había vacas que pastaban y campesinos canarios que cuidaban sus pequeños huertos, vacas y chivos. Cuando ya tuve doce o trece años me entretenía subiendo con mis amigos los cerros cercanos, siempre en dirección a El Junquito; no creo que haya llegado nunca hasta El Junquito, pero esa era la vía que tomábamos”.

Escena de “Cabrujas la voz que resuena”

Tiempo II – La Televisión y el teatro

PhotobucketNombres como:  Boves, el urogallo de Francisco Herrera Luque, en su versión para televisión; Juicio a Juan Vicente Gómez, Proceso a Juan Vicente Gómez, Campeones, La Señora de Cárdenas,  Silvia Rivas, divorciada, Soltera y Sin Compromiso,  La Fiera,  La Comadre,  Estefanía,  Mabel Valdez,  Sangre Azul, son algunas de las telenovelas que escribió, en solitario o en conjunto con otros autores, como Salvador Garmendia, Pilar Romero, Ibsen Martínez, Julio César Mármol, entre otros,  y que significaron un cambio en la televisión que se hacía en la década de los 70 y 80 del siglo XX. La lista de programas realizados para la televisión, principalmente para RCTV, es larga  y forman parte de eso que se llamó  «telenovela cultural», esa en donde como cuenta  Cabrujas en un video de Gabriela Piñero – que puso la carne de “gallina” a más de uno –  la protagonista no perdía la memoria, porque además “nadie pierde la memoria por un golpe”, ni desconocía quién era su padre, ni había  cartas bajo la manga para enredar la trama.Photobucket

Cabrujas no quería “desgarramientos ni preguntas como ¿dónde está mi mamá?”, él quería hacer una televisión que fuera “futuro” y hacerla con quienes siempre había trabajado, aquellos que habían pensado en algo nuevo, no parecido a lo que se estaba haciendo a “las fórmulas”, sino pensado en quienes “cada vez que asumíamos un  riesgo y teníamos ese inmenso susto de ver si el televidente nos acompañaba en esa aventura,  siempre nos acompañó en esa aventura”.Photobucket

Sin entrar en los detalles que requiere un análisis de la obra completa de Cabrujas basta, por ahora, mencionar que produjo 23 obras de teatro, 18 guiones para películas, cerca de 500 crónicas y algunas miniseries de televisión y varias telenovelas, como lo menciona  León Magno Montiel  en “José Ignacio Cabrujas en su ágora catiense”, a propósito de la presentación del documental que sobre la vida y obra del “MAESTRO” hizo Antonio Llerandi.

Tiempo III – La Música

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José Ignacio Cabrujas era un amante de la música clásica y eso lo llevó a ser productor, director y narrador del programa “Ópera dominical”, en Radio Nacional de Venezuela.  Presidió el Taller de Ópera de Caracas, con el que dirigió las producciones Elixir de amor, Sonámbula, Don Giovanni, Orfeo y Eurídice, y Don Pascuale. “Con esta última ópera se despidió Cabrujas del Teresa Carreño como director de escena. La misma se llevó a cabo el 16, 18 y 20 de junio de 1989, con la Orquesta Sinfónica Venezuela, bajo la dirección de Rodolfo Saglimbeni y el Coro de la Fundación conducido por Mariantonia Palacios.Photobucket

En el Teresa Carreño también se recuerda con bastante beneplácito el debut de Tosca de Giacomo Puccini en mayo de 1986, bajo su dirección escénica. En esta ocasión la música estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, el Coro de la Fundación Teresa Carreño y el Coro de Niños del Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, dirigidos por Carlos Riazuelo y Mariantonia Palacios, respectivamente. Este montaje se repuso en octubre de ese mismo año”, de acuerdo a Jesús Eloy Gutiérrez en un trabajo aparecido en centrodocumentalbiografias.

En la sala Cabrujas, espacio alternativo – ubicado en el Centro Comercial “El Parque de la tercera transversal de Los Palos Grandes –  ha estado presente el teatro, conferencias y la música, por lo que un homenaje a un creador como fue él no podía obviar las notas melódicas, y estas estuvieron a “cuatro manos” con las hermanas Prisca y Marieva Dávila, quienes interpretaron el merengue caraqueño “Frigiando merengue”, que mezcla ese ritmo con el flamenco, y  el joropo “Pajarillo”

Tiempo IV – El pensamiento

Photobucket“Hay pueblos que tienen en la destrucción un sentido de la vida, como algunos lo encuentran en la construcción. El caraqueño es un pueblo demoledor, no por nada, solo por ser fiel a su propia historia. Esta es una ciudad de terremotos, los sismos han jugado un papel preponderante en la forma de desarrollo de la ciudad, la propia naturaleza es la primera causante de la destrucción del proyecto de la ciudad. Pero aparte de eso, Caracas responde a un ideal, algo que está por verse. Caracas siempre fue un lugar de paso, un lugar intermedio, en sus orígenes no fue un sitio para quedarse, apenas un tránsito para ir hacia el sur: pasar por aquí y seguir avanzando. Quedarse en Caracas fue siempre una desgracia, entonces esta ciudad fue construida con un concepto provisional, todos los edificios de la conquista y aun de la Colonia son muy simples y apenas parecidos a los que quieren representar, pero sin llegar a ser nada. Por eso la Catedral de Caracas no es una Catedral, es una aspiración de algo que no llegó a hacerse. Y cada uno la puede visitar y la encPhotobucketuentra vetusta pero inacabada. En Caracas nada se concluyó. Por eso, los caraqueños hemos soñado siempre con el día en que inauguraremos la ciudad, una ciudad que se parezca a nosotros mismos; lo cual es virtualmente imposible, pero al mismo tiempo un delirio colectivo”.

Esta larga cita es una referencia del pensamiento de Cabrujas, que Tulio Hernández resaltó en el homenaje que se le hizo al “MAESTRO” como parte de la conmemoración del aniversario 75 de su nacimiento, aunque hace ya desde  el 21 de octubre de 1995 no nos acompaña físicamente.

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Tras reconocer que su primera impresión luego de ver lo que sucedía en este recuerdo a la vida de Cabrujas – que forma parte de los tres primeros tiempos – era una sensación de “ternura” mencionó que “podría decir que José Ignacio es nuestro Leonardo Da Vinci, es nuestro Octavio Paz, es nuestro Jorge Luis Borges, porque probablemente es el intelectual, el artista, el pensador, que con mayor valentía se atrevió a  entendernos a los venezolanos a este ´fracaso histórico´ llamado Venezuela, para que nos entendiéramos y comprendiéramos cómo en realidad somos”.Photobucket

Para Hernández, el pensamiento de Cabrujas permanentemente nos recordaba un país de corto plazo, que tiene como norma lo provisional, donde la desmemoria es parte de la idiosincrasia que nos gobierna y hace que nos comportemos como  “si viviéramos en un hotel” (frase de Cabrujas), donde a los días nos marchamos sin que nos importe lo que dejamos atrás.Photobucket

Dentro de ese pensamiento de Cabrujas, destacó una entrevista que se le hiciera desde la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) donde reflejó  “una de sus más persistentes obsesiones”: la idea del Estado mágico, de aquel que como un mago saca soluciones de un sombrero  dotado de poder para reemplazar la realidad por ficciones fabulosas apuntadas por la riqueza petrolera.Photobucket

En “Catia (según Cabrujas)” plasmó  “Caracas responde a un ideal, algo que está por verse. Caracas siempre fue un lugar de paso, un lugar intermedio, en sus orígenes no fue un sitio para quedarse, apenas un tránsito para ir hacia el sur: pasar por aquí y seguir avanzando. Quedarse en Caracas fue siempre una desgracia, entonces esta ciudad fue construida con un concepto provisional, todos los edificios de la conquista y aún de la Colonia son muy simples y apenas parecidos a los que quieren representar, pero sin llegar a ser nada. Por eso la Catedral de Caracas no es una Catedral, es una aspiración de algo que no llegó a hacerse. Y cada uno la puede visitar y la encuentra vetusta pero inacabada. En Caracas nada se concluyó. Por eso, los caraqueños hemos soñado siempre con el día en que inauguraremos la ciudad, una ciudad que se parezca a nosotros mismos; lo cual es virtualmente imposible, pero al mismo tiempo un delirio colectivo”.Photobucket

Más allá de su obra creadora, más allá de sus éxitos en televisión y teatro, o de su pasión por la música, a José Ignacio Cabrujas  hay que agradecerla, como lo hizo Tulio Hernández,  el haberse dedicado a tratar de entendernos, de explicar qué somos como sociedad, no sin cierto pesimismo de su parte, pero con una mirada crítica   y una peso moral, que hace falta enPhotobucket estos tiempos, donde la descalificación, el lenguaje soez y  la discriminación parecen estar a la orden del día.

¿Qué diría hoy José Ignacio Cabrujas?, no lo sabemos a ciencia cierta, pero si leemos sus escritos – reflejos de su pensamiento – podríamos tener una idea bastante clara, porque sus ideas siguen vigentes,  basta con leer la “travesura” que hizo Daniel Fermín, en El Universal, al construir una conversación imaginaria “con fragmentos de otras entrevistas que el dramaturgo dio en vida”, como menciona la aclaratoria hecha al lector que no recuerde que murió en 1995, pero teniendo presente que  “Cabrujas sigue siendo el mismo, el país también”, aunque Venezuela sea un país en eterna construcción y destrucción.

Esta historia, contada en cuatro actos, que comenzó  a manera de novela radial narrando parte de los origenes de José Ignacio Cabrujas, pasando por la visión audiovisual, musical y del pensamiento del dramaturgo, integra – con mucho del texto aquí mencionado – el espectáculo “Cabrujas la voz que resuena” creado por Yoyiana Ahumada Licea.  Este montaje -con otros elementos- también estuvo presente durante una temporada en la sala Cabrujas de Los Palos Grandes.

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