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“¡Él se ve bueno!”, “aunque era tan bella que levantaba sospecha”

Las apariencias, si bien pueden ser una manera de aproximarnos a alguien, son – en muchas ocasiones – fuente de muchas equivocaciones.Photobucket

A cuántos nos ha pasado que conocemos  alguien que “a primera vista” nos resulta atractivo (a) y al conocerla nos damos cuenta que nuestro juicio inicial estaba más que equivocado. Igual sucede al contrario, aunque creo que en menor proporción. Aquello que de entrada nos repele, rara vez nos termina gustando, aunque hay sus excepciones, pero confieso que en este momento no recuerdo ninguna.Photobucket

Iván Loscher escribió un libro cuyo título señalaba “Ell era tan bella que levantaba sospecha” y es que los seres humanos somos desconfiados cuando estamos en presencia de algo considerado bello, bonito o cualquier adjetivo que para uno denote que algo es agradable a la vista.

A un grupo de mis alumnos de comunicación social de la Universidad Santa María, del sexto semestre,  les planteé tomar como premisa para escribir el titulo de este libro de Loscher y los resultados fueron variados: Desde los típicos trabajos donde la protagonista femenina termina ocultando un “secreto” ante un enamorado pretendiente, hasta el caso más extremo que fue hacer una radiografía de la situación política actual del país,  comenzando con un joven que se sintió ilusionado con los que ofrecía la llamada “revolución bonita”, para – años después – terminar desengañado,  al igual que un novio enamorado, porque eso que le ofrecieron inicialmente era tan “bello” que a la larga terminó siendo un espejismo, un engaño o como lo queramos definir.

Mi ex esposa tenía un jefe que cuando hacía una pauta periodística era tan detallistaPhotobucket, tan llena de preguntas para un entrevistado, tan regodeada del ambiente necesario para que el redactor escribiera, que en más de una oportunidad al leer aquello, yo le decía: “lo que falta es que le pongas dos fotos y lo firme”, porque ya el trabajo estaba hecho.

Hay quienes tienen la capacidad para escribir, admito no estar entre ellos, y decir cosas que solamente a ellos se les puede ocurrir y es que lo que redactan se ve “tan bueno” que uno no puede osar recortar  sacar de contexto, ni siquiera colocar “una palomita” que es el término usado cuando se quiere introducirse en una conversación y quien habla en ese momento no toma aire ni para respirar.Photobucket

Si bien comencé mencionando que las apariencias a veces engañan y a quien creemos inicialmente “bueno” termina no siéndolo, toda regla tiene su excepción y para mi ese es Rodolfo Izaguirre, quien nuevamente deja una muestra de su talento, al ser el orador del Festival de Música Contemporánea ATempo del 2012, realizado en el Teatro de Chacao.    Digo que es la excepción de la regla porque uno lo ve a él y tiene que afirmar “él se ve bueno”, pero luego de escuchar su verbo con esta  pieza producto de sus vivencias uno no puede sino asegurar que tenía razón en la primera impresión, porque él no solo “se ve bueno” sino que lo es porque sigue siendo un intelectual que tiene, a sus años, la capacidad de sintetizar el acontecer  nacional desde su propia historia, y ahí es donde está el verdadero sentido de pertenencia a la Patria,  cuando hacemos que lo que nos sucede o lo que recordamos de nuestra existencia está ligada a esa cronología de sucesos que forman parte de lo que todos vivimos como Nación en un periodo.Photobucket

Aquel día, un sábado 16 de julio para ser exactos,  Rodolfo Izaguirre contó la historia de una secretaria de la academia de ballet donde trabajaba su esposa Belén Lobo, que nunca se aleja de él y él de ella, al punto que en esa institución dejaba de ser Izaguirre para transformarse en el “Señor Lobo”,  a la que oyó refiriéndose a él con estas palabras: “¡Él se ve bueno, Belén! queriendo significar no que lo fuese físicamente, quiero decir, que me viera macho vernáculo y sexualmente vigoroso, sino que, por el contrario, ponderaba más bien unas virtudes morales, espirituales que, en su opinión, harían de mí un esposo ideal. Todavía hoy, mi mujer y algunas sexagenarias que conozco sostienen que aquella muchacha tenía razón”.Photobucket

La mencionada secretaria tenía “un hermano secuestrado por la guerrilla colombiana; la misma que comandaban Tiro Fijo Marulanda o Raúl Reyes, exaltados como héroes por el caudillo bolivariano, tan amigo, a su vez, de sátrapas como Saddan Hussein, Muamar Gadafi y otros tenebrosos especímenes dictatoriales que maltratan al mundo de manera desvergonzada y cruel. Ella era colombiana pero de descendencia alemana y el hermano gozaba de prestigio como ingeniero mecánico experto en motores de aviones. Pasaban los años y la muchacha sentía que no saber nada del hermano la estaba devorando y era evidente que el desconsuelo persistía detrás de su sonrisa. Me veía cada mañana cuando acompañaba a Belén hasta la puerta de la Academia y en su mirada podía uno descubrir las tribulaciones del hermano cautivo en las selvas colombianas”.Photobucket

Esa pequeña anécdota sirvió para recordarnos que “la sociedad civil venezolana también dijo ¡Él se ve bueno! cuando el vulgar autócrata bolivariano intentó el golpe de Estado contra un presidente demócrata electo también democráticamente y apareció en la televisión diciendo que por ahora el golpe había fracasado. “¡El se ve bueno!”. Recuerdo que, al verlo, dije: ¡es un fascista! Y Manuel Caballero fue el primero en asegurarlo en el periódico. Castigamos a los cogollos socialdemócratas y socialcristianos; pero actuamos por impulso, como los adolescentes cuando se rebelan contra sus padres o como el propio caudillo militar cada vez que se insolenta. ¡No se actuó; no actuamos políticamente! El asunto es que no podemos seguir equivocando el paso y en octubre habrá que proceder con el corazón, sí, pero también con el cerebro. Conducirnos políticamente a conciencia de que se está jugando la vida futura del país. Que está en peligro la conciencia de pertenecer no a un país –que a fin de cuentas es una apreciación geográfica, un territorio–, sino a una patria. Cuando digo Patria lo hago con reserva porque han sido muchos los crímenes que se han cometido invocando su nombre”.Photobucket

Pero como lamentablemente la historia es cíclica, Izaguirre nos recordó que esa no era la única vez que el pueblo se equivocaba y era embelesado por un encantador de serpientes, ya que  “¡El se ve bueno!, dijo también la sociedad civil cuando en 1908 aclamó a Juan Vicente Gómez para que la librara de los escándalos y desafueros de Cipriano Castro, sin percatarse de que al irse, Atila estaba dejando el caballo en medio de la Plaza Bolívar. Se dirá que insisto en mantener vivo el pasado; pero es que el pasado es mucho más vasto, enorme y dilatado que el estrecho presente en el que creemos vivir. Es más complejo y difícil de entender porque permanentemente vive pisándonos los talones; nos cerca y nos determina. ¡No acaba nunca! Por eso, Eugenio Montejo dijo que este país ¡no termina de enterrar a Juan Vicente Gómez!”.Photobucket

Para cerrar el capítulo inicial de su conferencia aclaró que “no supe más de aquella bella pero triste secretaria de la Academia de Ballet ni del destino que aguardaba a su hermano en poder de desalmados como el finado Mono Jojoy; pero desde entonces, mejor dicho: desde siempre, desconfío y abomino de los caudillos, sobre todo si son militares. ¡Pero Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez siguen todavía allí en Miraflores porque, lamentablemente, somos nosotros, los propios venezolanos, quienes los hemos puesto allí”, así que – diría uno – buscar culpables de lo que nos sucede es como “escupir para arriba”.Photobucket

Retomando el tema de las vivencias y su relación con lo que sucede en un país, Rodolfo Izaguirre contó otra anécdota que habla de fechas, “unas más destacadas que otras, que han quedado grabadas en mi memoria. Una de ellas es el 14 de diciembre de 1947. Estaba subiendo los 16 escalones de una desamparada adolescencia cuando presencié el glorioso triunfo electoral de Rómulo Gallegos, quiero decir, la primera elección directa, universal y secreta del Presidente de la República, de los senadores y diputados al Congreso Nacional así como de las municipalidades y de las asambleas legislativas de los estados. Un sufragio infrecuente en la vida política venezolana atormentada por la persistente autocracia militar. Años más tarde, sin embargo, me tocó padecer el caudillismo civil de los cogollos de Acción Democrática y de Copei con el agravante de que de los 45 presidentes que el país ha soportado desde José Antonio Páez hasta el teniente coronel Hugo Chávez, 33 han sido militares, generales la mayoría y alguno que otro teniente coronel; 8 han sido abogados; 2 médicos (Vargas y Lusinchi); 3 políticos (Ignacio Andrade, Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez) y 2 escritores (Rómulo Gallegos y Ramón J. Velásquez). Gallegos fue el primer venezolano civil en ser electo en sufragio universal”.Photobucket

“Y junto a esa fecha que buscaba iniciar en el país y en plenitud una vida democrática estable y permanente surgió otra, dos meses después, los días 17 al 21 de febrero de 1948 cuando en ocasión de la toma de posesión de Gallegos el poeta y folklorista Juan Liscano organizó en el Nuevo Circo de Caracas la Fiesta de la Tradición que reunió y dio a conocer por primera vez la existencia de los grupos y expresiones folklóricas de todo el país. Me enteré que existía un país cultural. ¡No lo sabía! Lo supe justo cuando un presidente era elegido en democracia. Y yo tenía 16 años cuando me enteré que era ciudadano en un país que se estrenaba en la democracia; que a partir de ese momento ya tenía conciencia de pertenecer a una nación, a una patria  un  término que guarda relación más con el corazón que con un territorio. Y supe en aquel momento que también debía agradecer al cine no solo que me haya invitado a explorar todos los caminos de la aventura humana, sino a Bolívar Films en aquellos años cuarenta, por haber ampliado mi personal visión del país que soy; de la patria a la que pertenezco porque Bolívar Films para mantener sana la economía de la empresa cinematográfica filmaba la obra de gobierno de los Presidentes de Estado que luego iba a mostrar en las salas de cine de todo el país a través de sus Noticieros. Pero los camarógrafos no podían viajar por tierra porque aun no estaban trazadas las carreteras o eran cortos los trechos asfaltados o de macadam y en las carreteras de tierra el polvo y las sacudidas del camino afectaban las pesadas cámaras filmadoras. Los camarógrafos viajaban por Aeropostal que existía desde el momento en que Eleazar López Contreras adquirió los bienes de la Compañía Francesa de Aviación. Las cámaras llegaban a Cojedes, al Territorio Delta Amacuro, al Táchira, a Cumaná y a Ciudad Bolívar y los venezolanos, gracias al cine, gracias a Bolívar Films y a Aeropostal, vieron acaso por primera vez cómo era San Cristóbal o Cumaná y cómo hablaba y se movía la gente. Descubríamos un país que insistía afanosamente por emerger del pasado autoritario y militar y en ese sentido adoro haber sido adolescente y haber florecido en edad en otra fecha imborrable porque culturalmente la asocio con aquel febrero que nos permitió constatar que el país venezolano podía ser libre, culto y democrático”.Photobucket

Izaguirre resaltó que  “comandado por su primera autoridad, el país camina hacia una alarmante pobreza de lenguaje que terminará privándolo de su herencia cultural. Un país inerme sepultado por un alud de ofensas gratuitas que se ha convertido en la manera grosera de conducir la política. Desde Miraflores se siente que emana hacia el país una gran pereza intelectual, tendencia a la vulgaridad, inclinación a despojar al idioma de su propia belleza. Se impone entonces la necesidad urgente de tener más conciencia del lenguaje; ser menos indigentes con él; dejar de empobrecernos nosotros mismos puesto que sin lenguaje es imposible expresar ideas y sentimientos. Sin protagonismo alguno, ofrezco simplemente la aventura del pensamiento como respuesta al autoritarismo y a la vulgaridad. La conciencia de poseer un idioma. Sugiero que para enaltecer la alta magistratura se abandone el escupitajo de la ofensa y se acepte el debate de las ideas si es que quedan algunas que pudieran rescatarse del pantano político y lingûistico en que se ahoga Miraflores. Porque practicar con crispante constancia la vulgaridad y sentirse orgulloso de hacerlo resulta para mí algo tan difícil como fue ¡escribir mal! para Salvador Garmendia”.Photobucket

Fueron varias las anécdotas contadas por quien ha estado en el “tintero” del quehacer cultural del país por muchos años, pero la conclusión final es que la realidad de Venezuela esta idea de nación, de territorio “bolivariano, es el país que no quiero; un lugar en el mundo que no me pertenece y en el que no me incluyo. No es, desde luego, el que avizoré en mis años juveniles y aspiré tener y disfrutar. Aquellos años en los que nuestra mirada estaba puesta en un futuro realmente promisor: equilibrado económicamente, capaz de irradiar un vigor muscular y una fuerte y alta contextura cultural y de pensamiento; un futuro liberado, creía yo entonces, de toda toxina ideológica, de toda barrera que impidiese a sus ciudadanos verse y admirarse y respetarse con sensatez”.Photobucket

Sin embargo, con no poca ironía, reconoce que “el chavismo me concedió la gracia de satisfacer un viejo anhelo mío: el de ver la cara y conocer el nombre de, al menos, un general del ejército ahogado hasta el cuello en el negocio del narcotráfico. Más aun: el de un delincuente de altos vuelos disfrazado de miembro de la Corte Suprema enlodando a otros en su caída. Veré también el inicio de una república enaltecida y democrática que volverá a ser mía aunque enfrentada a la titánica tarea de reconstruir y reedificar sus instituciones. Es decir, la difícil pero impostergable tarea de rescatar y devolvernos la extraviada conciencia de la nación que somos pero que hemos dejamos en manos de una pandilla de aventureros. Es nuestra culpa: por indecisos, indiferentes, impulsivos; por no haber sido solidarios con el país marginal, por dejar que fuese un oscuro y mediocre teniente coronel que se veía bueno quien desalojara de nuestra conciencia la tolerancia y el derecho de pertenecer. Pareciera que en el ADN del venezolano acecha la tendencia a pretender vivir alegremente y sea otro quien se ocupe de gobernarnos con mano dura y vergonzosa”.Photobucket

Como un mensaje a García, o más bien a  todos los que habitamos este país llamado Venezuela y que en algún momento perdimos en norte, el rumbo y dejamos de ver hacia los lados, como si tuviéramos “gringolas” la recomendación, personal y para el que quiera asumirlo como un compromiso propio es que “No volveré a equivocarme; no repetiré la actitud insolidaria ni la altivez intelectual, egoísta y vanidosa que me hizo mirar hacia otro lado, hacia un lugar que no era precisamente la Venezuela que amo. Mientras persista mi paso por este mundo me empeñaré en convertirla en aquel iluminado país con el que tanto soñaba en la edad de mi irresponsable alegría”.

Admito que este escrito es largo, por lo que agradezco a quienes han llegado hasta aquí, sabiendo que lo han hecho más por el texto escrito por Rodolfo Izaguirre – del que me he tomado el atrevimiento de extrer algunas partes – que por los breves comentarios personales, lo importante es saber que la historia no es algo frío ni ajeno, sino, por el contrario, una experiencia de vida que se llena y nutre de los aportes de cada uno, asociar los hechos de un país con la historia personal es una manera de tener ese sentido de pertenencia que muchas veces nos falta para sentirnos realmente venezolanos, o esa es mi Visión Particular.

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