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Locriollo viene de Trujillo y se hace en Caracas

“Digan lo que digan no discuto más, la mejor hallaca la hace mi mamá”.

Esta frase de una canción que popularizó Nacy Ramos, hace tantos años –  que prefiero no mencionar – pone al relieve, no solo que el plato tradicional de la hallaca depende de la sazón  de cada quien, sino que a la hora de cocinar y comer no hay como aquellos sabores y olores que nos devuelven a los recuerdos del hogar.

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El comer no es solo un proceso para satisfacer una necesidad fisiológica, como pudiera ser llenar un espacio en nuestros estómagos cuando sentimos que está vacío y tenemos esa ausencia que llamamos “hambre. Nada de eso, alimentarse va más allá, porque debe ser una experiencia de los sentidos, una comunión entre lo que degustamos con los recuerdos que nos evoca la comida.

Por ello   nada tan atractivo y estimulante para abrir el apetito que conversar con alguien que siente pasión por cocinar, por transmitirle a los comensales eso que de pequeña experimento en su niñez, y que ahora adulta quiere compartir.

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La conocí en una feria de gastronomía donde lo relevante era el número de pequeños expositores que están elaborando productos para los venezolanos con ingredientes donde lo nacional es la norma a seguir.

Ella se llama Maritza Ortegano, es oriunda del estado Trujillo, de Santo Domingo para más señas,  y desde pequeña le gustó cocinar, tanto así que se “robaba” los picantes de la finca del vecino.

Es una conversadora nata, no se detiene ante nada para contarle a uno que se crió en un campo, con su abuela que tenía animales y un pequeño cultivo. “Cuando el vecino iba a ponerle agua sus animales, yo entraba y me llevaba unos picantes, eso sí yo siempre cuidaba la mata para que nos diera más”.

Ese “robo” tenía  un fin: elaborar  – con la abuela – picantes de distintos sabores, algo que le quedó de su infancia y al llegar a Caracas – para trabajar en una casa de familia –  agregó particularidad a la sazón en  su sitio de trabajo. Al parecer no le ha ido mal porque ya tiene 24 años en esa casa.

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“Ahí se hacía mucha comida, venía gente de Francia y decían que rico el picante y cosas así”, recuerda esta andina que no para de sonreír cada vez que evoca en su memoria esa vivencia que ahora la ha hecho tomar un poco más en serio el tema de la venta de picantes, ya que aunque tenía tiempo envasando en plástico  sus productos,  le faltaban los “biyuyos” para mejorar el proceso.

Como al inocente lo protege Dios y las buenas acciones generalmente reciben estímulo,  a esta oriunda del estado Trujillo que si uno la ve reconoce la amabilidad propia de los nacidos en los andes venezolanos, por la forma de conversar y ser atenta con quien se le acerca, a pesar de no tener el acento característico de esta zona del país, le llegó la oportunidad de encaminar su arte culinario de la mano de su jefa, la señora  Ana Luisa Figueredo,  quien vio que ahí había un posible negocio.

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Comenzaron llevando los picantes andinos, y otras preparaciones, a bazares y al primero que asistieron fue el del Country Club. “Ahí nos fue muy bien aunque nos cayó  un palo de agua que fue espantoso y desde ahí comenzamos a mejorar, la señora Ana Luisa buscó cosas que fueran típicas de nuestro pueblo, lo único que hay de afuera son las tapas, porque no las hacen en Venezuela” y así nació “locriollo”, un producto artesanal para los paladares que gustan de los encurtidos, los picantes y otros productos de este tipo.

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Como buena cocinera, aclaró que sus productos están hechos con puro picante y aceite de oliva, donde no interviene el agua, evitando así que los sabores se suavicen.

Aunque no podemos compararnos con los mexicanos en eso de comer picante,  “el andino que no se desayune con picante no es andino” y por ello estas dos venezolanas están apuntando a que el resto de los habitantes sean un poco como los andinos consumiendo mayores cantidades de alimentos con un toque picante y,  a veces,  más que un toque.

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“Comenzamos haciendo una cajitas, ahora son cajas y cajas que hay que hacer porque la gente consume mucho picante” comentó a la vez que aclaró que no todo es inspiración a la hora de cocinar, ya que ella lee mucho y experimenta para ofrecer nuevas combinaciones, todo en cantidades limitadas porque la producción se hace en la casa donde ella trabaja. “El señor de la casa yo lo miro y digo en algún momento nos va a regañar  porque a veces la cocina está hecha un desastre”, por ello entre los planes   está, en un futuro, poder tener su local para ofrecer sus creaciones.

Locriollo tiene para el público picante trujillano, ajicero, picante con papelón y el denominado “picantísimo”, que en lo particular debo señalar que el nombre se queda corto para lo que en realidad ya que el sabor se queda en la boca por un buen tiempo aunque uno tome agua o coma pan.

Secretos para comer picante

Como conocedora de años del picante mencionó que cada producto debe ir acompañado de una comida que lo resalte. Por ejemplo, el “trujillano” es muy “rico”, según ella,  para las carnes y salsas rojas; el “ajicero” se sugiere para cremas y sopas, mientras que el que contiene papel va bien con el asado negro, para la hallaca, o para comer con la empanada de cazón, o el chupe. El “picantísimo” es especial para tipo de parilla,

En general en Venezuela hay tres tipos de picante: el “chirel”, el “amarillo”  y el “rojo”, eso sin contar uno que se da en Trujillo que es “chiriquitico” pero que “pica como el diablo”, Los otros picantes que se consiguen son llamados “arrimados” porque no son autóctonos, como cuando uno “vive de inquilino en una casa”.

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Pero como no todo puede ser picante, ahora la diversificación del negocio las ha llevado a elaborar mermeladas y dulces – de lechosa, de mango, de guayaba- todo con ingredientes nacionales porque “yo soy criolla, 100% venezolana y si tenemos cosa de nuestro propio país para qué buscar cosas de afuera”.

Estos productos elaborados de manera artesanal – con mano de obra venezolana – se pueden conseguir en el aeropuerto de Maiquetía, en  Gourmet Garage de Los Palos Grandes, en secadero 1 de la Hacienda La Trinidad, además se pueden hacer pedidos por su correo electrónico locriollo@gmail.com o por el teléfono 7309451.

Si uno quiere hacer algo en la vida y destacarse,  siempre deberá dedicarse a aquello que le llene el espíritu, así como el caso de Maritza  Orteano que es una “adicta” del picante y quiere que el resto de los venezolanos nos sintamos orgullosos, para convertirnos en otros apasionados – como ella – de los productos que se hacen en el país.

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Una respuesta

  1. esos son mis primos bellos

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