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El salitre se lo come todo

Historia de un viaje

 photo IMG_1503Copiar_zps33527cde.jpgElla se llama Cristina, tiene alrededor de los 26 años. Es una chica lo que se llama guapa sin exagerar, y acaba de tomar una de esas decisiones que se toman cuando no se tiene nada más que tomar: Ha decidido suicidarse por una decepción amorosa.

Estaba a punto de salir de su casa cuando suena su celular y, aunque indecisa, decide contestar la llamada y resultó que era Eduardo, pero realmente se le conoce como Lalo. Él tiene como unos 28 años, y, hay que decirlo, es un alcohólico en rehabilitación desde hace unos años, ¿Cuántos? eso no importa. photo IMG_1469Copiar_zps2a85f559.jpg

El motivo de la llamada es que Lalo quiere pedirle a Cristina que le acompañe hasta su pueblo, no importante dónde es el pueblo, salvo que es en una costa marina con playa, porque debe acudir al velorio de su padre, quien falleció recientemente.

Después de pensarlo, Cristina decide ir – creyendo que habrá tiempo para algo de playa – olvidando por un rato ese tema del suicidio.

Aclaro que Cristina y Lalo se conocieron hace un tiempo en una cafetería, puede ser Starbucks, Cielito Lindo o cualquier otro. Se conocieron porque eran los únicos en pedir prensa extranjera: él porque le gustaba ver los diarios en otro idioma y ella por verle la cara al dependiente cuando hacía la petición de la prensa internacional. photo IMG_1487Copiar_zpsb85cf38a.jpg

Mientras él va conduciendo por la autopista ambos hablan de todo y de nada, del presente, del pasado. Ella le pregunta a Lalo qué recuerda de su padre y él evoca su niñez en el pueblo marino, el salitre que es capaz de corroer todo, dejándolo en el más absoluto estado inservible si uno no hacía nada por evitarlo. Él recuerda que su papá quería que fuera médico, pero a diferencia del deseo paterno, terminó siendo especialista en mercadeo.

En ese hablar de todo y de nada, pensando en cómo pasar el tiempo de viaje, Cristina tiene la brillante idea de contarle a Lalo que ese día ella se iba a suicidar y, por supuesto, hubo un frenazo que casi los saca del camino, es que esas noticias no se pueden dar así de buenas a primeras a alguien que está detrás del volante. photo IMG_1483Copiar_zps9afd2f88.jpg

Este pequeño casi accidente provoca que Lalo se baje del carro y termine regañando, peleando y reconciliándose con Cristina, porque en el fondo y, no tanto, Lalo lo que está – según él – es enamorado de ella y quiere tenerla a su lado. Cristina ve que Lalo ha malinterpretado todas las señales y para no entrar en detalles le dice que está saliendo con alguien y que es muy feliz.

De allí en adelante, hasta llegar al pueblo el tiempo transcurre entre silencios incómodos y música de la radio del auto. Al llegar al pueblo y entrar en el velorio la situación no mejora porque Lalo al presentar a su acompañante a la familia la introduce como Cristina, sin aclarar que solamente son amigos, dejando que los otros piensen lo que quieran. photo IMG_1529Copiar_zpsbb5f4447.jpg

Quienes han estado en un velorio saben que hay momentos de mucho sentimentalismo y este no es la excepción. Lalo al estar cerca del féretro de su padre se siente solo y abandonado, instante que aprovecha Cristina, como amiga, para abrazarlo y tomar sus manos entre las de ellas en señal de apoyo de solidaridad y de todas esas cosas que piensan las mujeres cuando poco les importa un hombre como pareja, sino más bien como amigo y – nuevamente los equívocos – Lalo siente que esta es una señal de un profundo amor por parte de Cristina y la invita a salir a tomar aire fresco, por toda la emotividad del velorio y para poder estar a solas con ella.

Por esa falta de comunicación y aclarar las cosas desde el primer momento, Lalo intenta besar a Cristina en repetidas oportunidades y ella comienza sutilmente a rechazarlo, hasta que en vista de que él no entiende las indirectas termina golpeándolo y allí, como el salitre con el tiempo, todo se desintegra. photo IMG_1518Copiar_zps7486231d.jpg

El viaje de regreso desde el pueblo a la ciudad es un interminable silencio más que incómodo entre ambos y al llegar a casa de Cristina ella desciende sin volver la vista atrás dejando a Lalo con el sentimiento de ser el hombre más odiado del mundo y sin poder decir nada, porque nada tiene que decir.

Se podrían preguntar ¿cómo sé esta historia?, que aún no acaba pero que no pretendo contarles el final, y la respuesta es que en realidad no conozco ni a Cristina ni a Lalo, porque ellos no son reales, sino  photo IMG_1478Copiar_zpsf0cda686.jpgproducto de la imaginación de Daniel de la O, escritor de la obra “Embrujulados”, que presentó la compañía Teatro Piracanto en el marco del 2do festival de Teatro en Espacios no Convencionales. Este montaje realmente era no convencional, pues su escenificación se hizo en un pasillo de una plaza comercial, al lado de Garros Galería donde además de los espectadores sentados, todo el que caminaba por este lugar podía enterarse de la historia de estos dos protagonistas que ven su amistad romperse con la necesidad de dejarla ir.

Al ser una obra para un espacio no convencional, la utilería se apoya únicamente en dos sillas, que hace veces de asientos del auto, o de sillas de un restaurante para almorzar o para despedirse desde un aeropuerto y le acompaña un pequeño neceser que lleva Cristina como parte de su coquetería femenina. photo IMG_1515Copiar_zps120d11ef.jpg

Un texto bien desarrollado con las actuaciones de Xana Sousa y Fernando González donde se nota que hay integración y “buena vibra” son el complemento para que los espectadores pasen una hora de su vida viendo teatro sencillo de entender, que llega a las fibras del sentimiento, porque – seamos honestos – a más de uno nos ha pasado que mal interpretamos señales con un amigo o amiga y terminamos dañando la relación, sin que se puedan juntar los pedazos rotos, así que es una obra teatral que vale la pena verla donde la estén presentando, o esa es mi Visión Particular.

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